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La preocupante fuga de capital en Colombia

hace 8 horas
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  • La preocupante fuga de capital en Colombia
  • La preocupante fuga de capital en Colombia

Por Diego Santos - @diegoasantos

El gobierno de Gustavo Petro y su candidato Iván Cepeda dirán que la fuga de millonarios del país es una buena noticia. Colombia entró recientemente a la lista de países con mayor fuga de millonarios, lo que seguramente es motivo de celebración y de orgullo de ambos, porque poco a poco están logrando lo que quieren, limpiar el país de la gente que tanto desprecian. Sus áulicos, seguramente, también festejan.

Tristemente dicha fuga es muy mala noticia para Colombia y es otro sello de certificación de la “venezolanización” a la que Petro nos va llevando.

El efecto más inmediato de esta fuga es el encogimiento de la base tributaria. Y es que cuando el capital sale, el Estado recauda menos. No solo en impuestos sobre ese capital directamente, sino en toda la cadena que genera. El empresario que saca su dinero a Miami o a Panamá no solo deja de pagar impuesto al patrimonio en Colombia, sino que también deja de contratar trabajadores aquí, deja de comprarle a proveedores locales y deja de reinvertir utilidades en activos nacionales.

Por otra parte, el efecto multiplicador desaparece. El capital, cuando se invierte localmente, se multiplica. Un peso invertido en Medellín genera salarios, que generan consumo, que generan impuestos al consumo, que generan demanda para otros negocios, que generan más empleos. Cuando ese mismo peso se deposita en una cuenta en la compra un apartamento en Madrid, ese efecto multiplicador ocurre en otro país.

El caso más dramático de América Latina es Venezuela: entre 2010 y 2020, la fuga de capitales fue tan masiva que destruyó la capacidad productiva del país de manera casi irreversible. No solo se fue el dinero, se fue el conocimiento, las redes empresariales, la capacidad de gestión.

Pero quizás lo peor de todo es la señal que mandan los que se van. Cuando los grandes capitales de un país se van, no lo hacen sigilosamente, sino que mandan una señal de alerta al mundo. Un inversionista extranjero que estaba evaluando instalar una planta en Colombia no lee los decretos del gobierno: observa lo que hacen los colombianos ricos. Si los propios empresarios locales, que conocen el país por dentro, están sacando su dinero, ese inversionista extranjero concluye que hay algo que él no está viendo y que los locales sí. Pero aquí no para la cosa. La salida de los millonarios es apenas la apertura de la fuga de capital humano que viene después. El capital financiero se va primero. El capital humano lo sigue.

La fuga suele ser la respuesta a políticas que buscan precisamente lo contrario: más igualdad, más redistribución, más recaudo. El resultado termina siendo menos recaudo, menos inversión, menos empleo y más desigualdad. El capital, a diferencia de las personas de a pie, tiene opciones de movilidad que la mayoría no tiene. Ignorar esa asimetría no es justicia, es ingenuidad con consecuencias reales para los más vulnerables, que son quienes menos pueden mudarse cuando la economía se deteriora. En fin, ¿a quién le importa esto?.

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