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Por Dietrich Bonhoeffer* - opinion@elcolombiano.com.co

Sobre la estupidez

El hecho de que el estúpido sea a menudo testarudo no debe ocultarnos que no es independiente.

hace 1 hora
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  • Sobre la estupidez

Por Dietrich Bonhoeffer* - opinion@elcolombiano.com.co

La estupidez es un enemigo del bien más peligroso que la maldad. Contra el mal podemos protestar, podemos desenmascararlo y, si es necesario, podemos detenerlo mediante la fuerza. El mal siempre lleva consigo el germen de su propia destrucción, pues deja, al menos, un rastro de malestar en el ser humano.

Contra la estupidez, en cambio, estamos indefensos. Ni con protestas ni con la fuerza se puede hacer nada; las razones no hacen mella. Los hechos que contradicen los propios prejuicios simplemente no necesitan ser creídos —en tales casos, el estúpido incluso se vuelve crítico— y si los hechos son innegables, simplemente se dejan de lado como excepciones irrelevantes.

En todo esto, el estúpido, a diferencia del malvado, está completamente satisfecho de sí mismo. Es más, se vuelve incluso peligroso, pues no hace falta mucho para que se pase al ataque. Por eso se requiere mayor prudencia frente al estúpido que frente al malvado. Nunca más volveremos a intentar convencer al estúpido con razones; es absurdo y peligroso.

Si queremos saber cómo hacer frente a la estupidez, debemos intentar comprender su naturaleza. Una cosa es cierta: no es esencialmente un defecto intelectual, sino moral. Hay seres humanos de una agilidad intelectual extraordinaria que son estúpidos, y hay seres humanos mentalmente muy torpes que son cualquier cosa menos estúpidos. Este descubrimiento lo hacemos, con sorpresa, en situaciones determinadas. Se tiene menos la impresión de que la estupidez sea un defecto congénito, que la de que, en determinadas circunstancias, los seres humanos se vuelven estúpidos, o mejor dicho, se dejan hacer estúpidos.

Observamos, además, que las personas aisladas y solitarias manifiestan este defecto con menos frecuencia que los individuos o grupos de personas propensos o condenados a la sociabilidad. Por eso, la estupidez parece ser más un problema sociológico que uno psicológico. Es una forma particular de la reacción de circunstancias históricas sobre el ser humano, un acompañamiento psicológico de determinadas instituciones externas.

Al observar más de cerca, se percibe que todo fuerte despliegue de poder, sea de carácter político o religioso, infecta con la estupidez a una gran parte de la humanidad. Es como si esto fuera una ley sociológico-psicológica. El poder de unos necesita la estupidez de los otros. El proceso no consiste en que determinadas facultades humanas —por ejemplo, el intelecto— fallen o se atrofien repentinamente, sino en que, bajo el impacto del despliegue de poder, el ser humano se ve privado de su independencia interior y, de manera más o menos consciente, renuncia a establecer una posición propia ante las circunstancias que se le presentan.

El hecho de que el estúpido sea a menudo testarudo no debe ocultarnos que no es independiente. Al hablar con él, uno nota que no se está tratando con él como persona, sino con lemas, consignas y frases hechas que se han apoderado de él. Está bajo un hechizo, está cegado, está siendo víctima de un abuso en su propio ser. Convertido así en un instrumento sin voluntad, el estúpido será capaz de cualquier maldad y, al mismo tiempo, será incapaz de reconocerla como tal. Aquí radica el peligro de un abuso diabólico, que puede llevar al ser humano a la destrucción definitiva.

Pero es precisamente aquí donde queda claro que la estupidez no se puede superar mediante la instrucción, sino solo mediante la liberación. En este punto debemos aceptar que, en la mayoría de los casos, una liberación interna auténtica solo es posible cuando ha sido precedida por una liberación externa. Hasta entonces, debemos renunciar a todo intento de convencer al estúpido.

Nota: Este texto fue escrito en un contexto de ascenso del totalitarismo, lo que explica su énfasis en cómo las estructuras de poder masivas anulan el juicio individual.

*Dietrich Bonhoeffer, el teólogo y resistente alemán ejecutado por los nazis, escribió una de las reflexiones más lúcidas y vigentes sobre este tema en su obra “Resistencia y sumisión” (Widerstand und Ergebung).

Se trata de un fragmento titulado “Sobre la estupidez”, escrito mientras estaba en la prisión de Tegel. Aquí te resumo los puntos más impactantes de su análisis:

1. La estupidez es más peligrosa que la maldad.

Bonhoeffer sostiene que, mientras podemos protestar o combatir el mal mediante la fuerza, contra la estupidez estamos indefensos.

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Por Dietrich Bonhoeffer* - opinion@elcolombiano.com.co

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