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Doble rasero

Criticar a Israel es más que legítimo; sus gobiernos y gobernantes se equivocan y cometen abusos. Lo que no es legítimo es el doble rasero.

hace 1 hora
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  • Doble rasero

Por David Yanovich - opinion@elcolombiano.com.co

El Comité Noruego otorgó el Nobel de Paz a la jueza sudafricana Navi Pillay. Su hoja de vida, vista en abstracto, la hace mas que merecedora del premio: defendió a Nelson Mandela y a otros activistas contra el apartheid, fue la primera mujer no blanca en llegar al Tribunal Superior de su país, presidió el tribunal que juzgó el genocidio de Ruanda y fue Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos. El problema es que llega apenas un año después de que Pillay firmara, como presidenta de una comisión de la ONU, un informe que acusa falsamente a Israel de genocidio en Gaza.

Ese informe está atravesado por controversia. Se apoya en cifras de un ministerio de salud controlado por Hamás, minimiza el uso de civiles como escudos humanos y convierte en intención genocida una guerra que Israel no buscó y que empezó con la invasión y la masacre del 7 de octubre de 2023. Tampoco ayuda que la comisión naciera con un mandato permanente, sin fecha de vencimiento, algo inédito en la ONU, ni que cuando uno de sus miembros, Miloon Kothari, habló del “lobby judío”, Pillay saliera a defenderlo. Premiar a quien lidera un trabajo así es premiar también sus conclusiones.

No es un caso aislado. Según UN Watch, entre 2015 y 2024 la Asamblea General adoptó 173 resoluciones contra Israel y 80 contra todos los demás países del mundo sumados. En 2025 fueron 15 contra Israel y 11 para el resto del planeta: seis sobre Rusia, dos contra Estados Unidos y una para cada uno de Corea del Norte, Irán y Myanmar. Sobre Sudán, donde la guerra ha dejado más de 150.000 muertos y 12 millones de desplazados, ninguna. En el Consejo de Derechos Humanos la historia se repite: desde 2006, 112 resoluciones contra Israel, 45 contra Siria, 16 contra Irán y 11 contra Rusia.

Israel es la única democracia funcional del Medio Oriente. Tiene elecciones competidas, una prensa que critica al gobierno sin miedo, una Corte Suprema capaz de frenar al primer ministro y ciudadanos árabes que votan, legislan y llegan a ser magistrados. Esa democracia ha sobrevivido casi ocho décadas en guerra casi permanente.

Mientras tanto, la ONU se alinea sistemáticamente con sus vecinos: teocracias, monarquías absolutas y dictaduras donde la disidencia termina en la cárcel o en la horca, y donde las mujeres y las minorías carecen de los derechos más elementales. Es la misma ONU que puso a Irán a presidir un foro del Consejo de Derechos Humanos y eligió a Arabia Saudita para presidir la Comisión sobre la Condición de la Mujer.

Criticar a Israel es más que legítimo; sus gobiernos y gobernantes se equivocan y cometen abusos. Lo que no es legítimo es el doble rasero. Una organización que mide a una democracia con una vara y a las tiranías con otra pierde la autoridad para juzgar a nadie. Y un Nobel que premia esa posición, por brillante que sea la carrera de quien lo recibe, también.

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