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Elbacé Restrepo
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Elbacé Restrepo

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¿EL ACABOSE O EL EMPEZOSE?

Por Elbacé Restrepo

elbaceciliarestrepo@yahoo.com

Por efectos del trabajo de mi esposo en casa, soy consumidora pasiva de programas deportivos radiales. Y aunque el dial va y viene, dependiendo del gusto del oyente activo que madrea, refunfuña, asiente o disiente, de tanto oírlos me ha quedado claro que la palabra “instante” podría definirse como “lapso que trascurre entre elevar a un técnico de fútbol a los altares y bajarlo del pedestal a escobazos”.

“Fracaso”, dícese en nuestras emisoras del proyecto de un técnico de fútbol si al tercer partido no tiene el equipo en el primer lugar de la tabla de posiciones. Y si de milagro alcanza a trabajar durante todo el semestre, pero no queda campeón, a la palabreja se le añade un adjetivo: rotundo. ¡Fracaso rotundo!

Colombia es un país muy futbolero. Tiene millones de aficionados que, en la efervescencia y calor de un partido, se consideran directores técnicos. Yo no tengo ropa para eso, pero en cambio muero de lástima cuando destrozan al DT y a los jugadores, en ausencia de la gloria efímera de un gol que ponga el marcador a su favor, como si el partido se jugara sin un rival que pretende lo propio y sin tener en cuenta que, funcione o no, hay de por medio un proceso de planificación cuyo resultado final depende también de lo que hagan o dejen de hacer once jugadores en la cancha, y a veces un árbitro no siempre justo.

Y así en el fútbol como en la vida. ¡Cuánto daño puede hacer el cortoplacismo en un proceso! Y ya que dije la palabra mágica, definamos proceso: “Secuencia de acciones que se llevan a cabo para lograr un fin determinado”. Un concepto que tiene que ver con todos los ámbitos de la vida: aprender a caminar, la educación de un niño, la formación profesional de un músico, la identificación del estilo personal de un pintor, la escritura de un libro, el montaje de una obra de teatro, la creación de una empresa, un proyecto de investigación que llevará a un gran descubrimiento científico, tener un jardín florecido, llegar a la receta perfecta, en fin. Todos ellos requieren tiempo, porque nada funciona de la noche a la mañana. Y todos funcionan bajo la mano responsable de un líder que obligatoriamente tiene que conocer el objetivo que se quiere alcanzar, tener un plan de trabajo y los recursos necesarios para llevarlo a cabo, identificar las habilidades que deben reunir los integrantes del equipo, conocer sus capacidades, sus fortalezas, sus limitaciones, sus temores y sus aspiraciones, entre muchas otras.

El querer que todo ocurra ya puede ser tanto o más dañino que la falta de perrenque, su opuesto, pero hay una gran diferencia entre cometer un error y ser un fracasado. Equivocarse, reconocerlo y aprender de las caídas, es un signo de grandeza. Caer para quedarse a vivir en el asfalto sí es fracaso.

Por supuesto que siempre esperamos resultados positivos, pero en el afán de la inmediatez se nos olvida que aquello que de repente parece ser el acabose, muchas veces puede ser el empezose

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