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P. Hernando Uribe
Columnista

P. Hernando Uribe

Publicado el 26 de agosto de 2021

El artista de
los artistas

Artista es el que moldea la belleza, que está en todo. Existe, además, el instinto de la belleza. Belleza en la mirada, belleza en la escucha, belleza en el olfato, belleza en el gusto y belleza en las manos que acarician y en los pies que caminan.

Al artista lo distingue su familiaridad con la belleza. Misión que requiere dedicación constante, y más si prestamos atención a la afirmación de José Echegaray: “La belleza, lo que es, no lo sabemos, quizás no lo sepamos nunca, pero la belleza palpita en todo cuanto existe”. Quien descubre la belleza que hay en cada cosa, vive anticipando en el tiempo la eternidad.

Con su asombrosa magia poética, Juan Ramón Jiménez canta cómo la belleza se manifiesta huyendo. “Mariposa de luz, / la belleza se va cuando yo llego / a su rosa. / Corro, ciego, tras ella... / La medio cojo aquí y allá... / ¡Sólo queda en mi mano / la forma de su huida!”. Lo que le pasa al creyente con la belleza, que es el Artista divino.

El Creador, el Artista de los artistas, tiene en el ser humano su obra de arte por excelencia. Según el salmo 8, “lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad, le diste el mando sobre las obras de tus manos, todo lo sometiste bajo sus pies”. Elogio sublime del Artista divino.

La intensidad de la mirada, la atención de la escucha, la agudeza del olfato, la riqueza de la palabra y la suavidad de la caricia van más allá de toda fantasía. Lo mismo que el poder ilimitado de las potencias del alma, el entendimiento con el pensamiento, la memoria con el recuerdo y la voluntad con el amor. Cuanto más cultivadas, más diestras en irradiar belleza.

San Juan de la Cruz, artista singularísimo, canta así la belleza divina: “¡Descubre tu presencia / y máteme tu vista y hermosura!” La vista de la hermosura del Amado lo mantiene en éxtasis, “pues que sabe que en aquel mismo punto que le viese, sería ella arrebatada a la misma hermosura, y absorta en la misma hermosura, y transformada en la misma hermosura, y ser ella hermosa como la misma hermosura” (Cántico Espiritual 11,11).

El hombre de la pandemia siglo XXI está llamado a secundar al Artista divino cultivando la belleza de su cuerpo y de su alma como la obra de arte por excelencia, con sentimientos bellos, con pensamientos bellos, con palabras bellas y con obras bellas. Participación de la belleza divina, imagen y semejanza del Creador

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