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Alberto Velásquez Martínez
Columnista

Alberto Velásquez Martínez

Publicado el 22 de julio de 2015

El desencanto

Al constatarse en todas las encuestas de opinión la caída de imagen presidencial y la rajada en todos los temas de gobernabilidad, se concluye que al país no se le está manejando adecuadamente. Solo hay ojos para un proceso de paz sin coherencia alguna. Porque la paz que quiere el pueblo colombiano debe fundamentarse en la justicia, en la verdad, en la reparación, objetivos aún muy lejos de lograr, dada la forma desordenada con que el gobierno la ha manejado y la subversión la ha dinamitado, alejando apoyos y simpatías para ganar espacios reales de opinión pública. La carta de navegación en la búsqueda de la paz se ha vuelto, por la variedad de recetas y sabores, un menú indigesto.

¿En dónde está el piloto? Se pregunta el país mientras ve caer sus más significativos índices económicos. Las exportaciones se desploman en cerca de un 40 % en los cinco primeros meses del año. La inversión extranjera directa se derrumba en un año en un 32 %. La producción industrial cayó un 4 % en mayo y la textil en un 13 %. El dólar se dispara en buena parte por la demanda de ahorradores para colocarlos en el exterior, dada la desconfianza en el mercado interno lleno de ingratas sorpresas. La deuda pública asciende a 360 billones de pesos, lo que equivale a cerca del 50 % del PIB. Esto representa el triple de lo que el país recauda por impuestos. El déficit de cuenta corriente será del 6 % del PIB este año. Con razón y preocupación, el codirector del Emisor, César Vallejo, expresaba que “este es el indicador económico más alarmante que hoy tiene el país”.

El gobierno responde, ante tan desvencijadas cifras, con una austeridad errática: recortar las partidas de inversión y aumentar las de funcionamiento. Los saldos negativos aparecen por todas partes. El gobierno sigue impávido como una esfinge. Está tan desubicado que oye los disparos de alerta y no sabe de dónde provienen.

Es tal la situación de imprevisión oficial que hasta el exministro de Hacienda Abdón Espinosa –santista de raca mandaca- con mucho desencanto escribe: “La bonanza se esfumó y el país se halla abocado a enfrentar sus consecuencias, con los ojos bien abiertos”. Los mismos ojos que abre Anif para sentenciar que con la normatividad y “la actual situación fiscal, no será posible construir las grandes vías” que diariamente promociona el gobierno en la televisión.

Así que el declive económico es ostensible. Se puede agravar si se sigue con la farándula y el ánimo parrandero. Máxime, será irrefrenable, en tanto la brújula siga enloquecida, señalando solo a la isla caribeña, cuando debe apuntar también hacia los puntos cardinales del interior del país en donde el deterioro social y económico es evidente.

Ya las encuestas que reprueban todas las materias cursadas por el gobierno, van dejando de ser simples radiografías de momento, para convertirse en placas permanentes de un mal que se está trasformando en estado constante y agudo en el alma desencantada de los colombianos .

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