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Óscar Domínguez Giraldo
Columnista

Óscar Domínguez Giraldo

Publicado

El hombre que componía silbando

Por

óscar domínguez g.

oscardominguezg@etb.net.co

Su padre y tocayo, Jorge Villamil, le dio trabajo como recolector de café a Pedro Antonio Marín, quien después operaría bajo la razón social de “Tirofijo”, mandacallar de las Farc. Corrían los años cincuenta en la hacienda El Cedral, en el Huila.

Después, como gestor de paz bajo los gobiernos de Lleras Camargo y Guillermo León Valencia, el compositor de 173 canciones, Jorge Villamil, el más interpretado dentro y fuera del país, volvió a encontrarse con el antiguo subalterno de su taita.

De su vocación pacifista dan fe canciones como El Barcino y Cantemos a la paz.

Médico a la fuerza por mandato paterno, Villamil componía silbando. En el camino iba incorporando la letra.

Quienes levitan oyendo sus bambucos, sanjuaneros, rajaleñas, cañas, danzas, guabinas, pasillos, valses, boleros, porros, cumbias, joropos y calipsos, deben alistar la lágrima para recordar al maestro Villamil quien pasado mañana cumple 5 años de silencio puro.

Sus paisanos Rosario Fernández y Vicente Silva, autor de “Las huellas de Villamil”, han evocado el legado del opita universal al lado de José Eustasio Rivera. El padre del “analfabeta musical”, como solía autoproclamarse, visitó Medellín en 1927 donde ayudó a crear la Federación de Cafeteros. Conocí a Villamil en una velada en la Casa de Antioquia que dirigía Javier Aristizábal, Galileo.

Los compositores encabezados por José Barros, Héctor Ochoa y Villamil, daban las gracias a la bancada antioqueña por un proyecto de ley que mejoraba tímidamente los derechos de autor. En primera fila desafinaban Jorge Valencia Jaramillo, Daniel Villegas, Armando Estrada, Hernán Echeverri.

A la par que les cantaban la tabla a los productores de discos, los autores interpretaban sus mejores melodías.

Abrió plaza con La Piragua y Pesares José Barros, quien vivió tres años en una pensión de Guayaquil donde compuso sus tangos. Fue minero de pico y pala en Segovia.

Villamil, de cáustico humor, aseguró que Dios no da las cosas completas pues a él lo hizo compositor pero le negó la voz. Así y todo, castigó al respetable con Llamarada y El Barcino.

Llamarada, contó, la compuso en una fiesta organizada por una pareja para celebrar la separación. Sí, separación. No todos se distancian dando portazos. Se divorciaron porque el marido, basquetbolista famoso, fue pillado por su mujer con las manos en la masa de su hermana.

Con el tiempo fue él quien sorprendió a su costilla poniéndole los cachos. Como el hombre perdona todo, menos la infidelidad ajena, se abrieron. Villamil y Silva y Villalba, amenizaron el adiós.

El maestro Héctor Ochoa, el único de ese terceto que felizmente sigue asombrando, también les cascó a las disqueras. El hijo del maestro Eusebio Ochoa, quien nunca supo de derechos de autor, dijo que por culpa de los empresarios de discos los autores padecen una “santificante pobreza”.

La manifestación artístico-etílico-parlamentaria se disolvió pacíficamente, informó la policía.

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