Europa necesita redibujarse pero no sabe cómo. La golpean por tres flancos y mientras atiende uno, el otro se le sale de madre. Se desangra por lo económico, con una crisis que da tregua a medias; teme por su seguridad, mientras la amenaza del terrorismo palpita sin descanso a su espalda; y en lo social, es incapaz de resolver el problema migratorio porque a sus líderes les cuesta entender que, para este problema, no hay solución sin sacrificio.
El continente camina a oscuras. La Unión, alabada como utopía a finales del siglo pasado, ha sido incapaz de plantear modelos conjuntos para afrontar estos retos contemporáneos, y parece resquebrajarse en medio de gritos de críticas y autonomías.
Si bien la economía tambalea y el terrorismo, con su espectáculo...