Por SAMI NAÏR
La onda populista de la ultraderecha que se está propagando por la casi totalidad de los países europeos no es casual ni provisional. Es un ciclo histórico que se arraiga en los efectos no saldados de la crisis de 2008 y en la política de estabilidad de la Comisión Europea. El discurso populista es siempre despreciable porque busca y encuentra chivos expiatorios a los que instrumentaliza para justificar su principal objetivo: la conquista del poder sin una verdadera concepción del bien común, pues este poder se basa en el odio.
Sin embargo, sería un error creer que no existe una base real que germina este modelo de discurso: cuando el vicepresidente italiano Di Maio afirma que la política de austeridad de las instituciones europeas...