La cabalgata de las valquirias ronda el despertar de cada mamá del mundo. Despunta el alba, el andar pausado de las manecillas del reloj rompe el silencio del sueño –ya frágil– de los hijos. Es demasiado temprano para “trasgredir” y “empoderarse”: la Humanidad clama por niños en sus pupitres.
Preparar loncheras, filar morrales en la puerta, servir desayunos. Con rigor militar –y voz de princesa de Disney– repasar el orden del día con ‘los uniformados’.
¡Apuren, pues, que llegó el bus!
Algunos aseguran que de la madre se heredan la inteligencia y el impulso lector, que es la fuente primigenia de la narración. Pero pocos escudriñan su silencio: el pozo secreto y hondo de “la alegría de la casa”. La intimidad de una madre –sueños, deseos, sexualidad–...