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Diego Aristizábal
Columnista

Diego Aristizábal

Publicado el 04 de julio de 2019

El testigo

El año pasado, recuerdo que corrí a una función del medio día para poder ver el documental de Jesús Abad Colorado: “El testigo: Caín y Abel”. Apenas terminé de verlo me senté a escribirle una carta, que luego publiqué en este mismo espacio. Esa carta empezaba lamentando que el documental solo estuviera en poquísimos teatros, apenas tres días y en escasos dos horarios, al medio día y a las 3:30 p. m. Ese día fui enfático en afirmar que las salas de cine se seguían equivocando en la curaduría de la cartelera. Para mí, no basta con que un buen documental sea proyectado, es necesario que las compañías de cine también apuesten con más entusiasmo a estos relatos que pueden contribuir con la paz que todos deseamos, porque de esto se trata el documental, de la paz, de la paz a pesar de todas las guerras y desolaciones.

Por eso celebro que ahora “El testigo” esté en Netflix, que yo lo haya podido ver una vez más, que lo pueda recomendar nuevamente en esta columna y la gente pueda verlo, no como aquella vez, cuando varios lectores me escribieron lamentando que no alcanzaron, que se quedaron con las ganas y ya no podían hacer nada.

¿Y por qué hay que ver este documental? Vuelvo a repetirlo: porque lo que ocurrió en Bojayá, en la comuna 13, en San Carlos, en Granada, ya pasó y todavía nos duele, pero la forma como la película vuelve sobre esos días oscuros para nuestro país marca una nueva vida, una que brilla tanto como esa novia en la iglesia de Granada, con su traje blanco, larguísimo, días después de ese día terrible, que recuerdo muy bien, porque mi familia paterna es de allá, de Granada, de ese lugar bellísimo rodeado de nombres bíblicos y gente muy buena. Campesinos que vieron cómo la guerra hizo trizas su pueblo, cómo los buses y escaleras dejaron de llevar los bultos de papá, yuca, zanahoria y fríjol y empezaron a cargar, cada vez más seguido, personas desplazadas y una desolación por esas carreteras que en mi infancia yo transité tranquilamente.

“La naturaleza vuelve a nacer donde otros llevaron la guerra, y son espacios que quedan como testimonio del horror”, dice Chucho Abad. Me pregunto qué sentiría él cuando llegaba como reportero a esos lugares desolados y silenciosos y debía hacer su trabajo para que otros, que no vivieron eso, al menos puedan entender. Aunque, ¿es posible entender el horror visto?

Celebro que plataformas como Netflix le apuesten a este tipo de películas, que uno pueda volver sobre ellas las veces que quiera, que lo importante ya no dependa de las salas de cine y mucho menos de la televisión; por eso hay que ver “El Testigo”, muchas veces, porque en esa hora y 12 minutos está la esencia de nuestro país, a pesar de la guerra

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