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Aldo Civico
Columnista

Aldo Civico

Publicado el 19 de junio de 2021

En contra de la resignación

Hace unos días, escuché en un restaurante, una conversación entre dos adultos mayores, hablando de manera preocupada sobre lo que estaba pasando en el país. En realidad, estaban preocupados sobre todo por sus bienes, seguramente el fruto de años de trabajo y sacrificios. Estaban pensando en vender unas fincas y explorar con sus bancos como transferir fondos al exterior. No fue tanto el contenido de la conversación lo que me impactó, sino el tono de su voz, porque era un tono de resignación.

La resignación es una bestia horrible Es un virus que se instala en nuestro cerebro y lo contagia, envenenándolo. Permite que nuestro cerebro sea hackeado por pensamientos negativos automáticos. Frente a los desafíos que nos toca enfrentar, nos paraliza y nos vuelve impotentes. La resignación nos hace olvidar que siempre tenemos la habilidad de responder a los desafíos que la vida nos pone en frente. Es más, resolviendo estos desafíos es como podemos crecer como personas y como sociedad. Por el contrario, ceder a la tentación de resignarse es renunciar a crecer; nos lleva a la pasividad o a huir de los desafíos en lugar de enfrentarlos. Elegir la resignación es, finalmente, darles espacio a quienes quieren hacerle daño a una sociedad, es facilitar su victoria.

No soy ajeno a la resignación. Recuerdo el día en que la Mafia siciliana asesinó al juez Paolo Borselino y a todos los miembros de su escolta. No estaba lejos del sitio donde explotó el carrobomba que aniquiló su vida. Todavía tengo grabado en la memoria el sonido siniestro de la explosión y las horas de miedo y angustia que viví después. Al día siguiente fui a recoger al aeropuerto a quien fue el mentor de Borselino y el innovador de la estrategia judicial en contra de la Mafia, el juez Antonio Capponetto. En el carro me dijo, “Se acabó todo”. Así parecía ser, dado que dos meses antes habían asesinado también a Giovanni Falcone.

Cuando fui a visitar el lugar de la explosión, observando el edificio destruido por la bomba y los carros blindados reducidos a carcasas de metal, una ola de pesimismo y de impotencia invadió mi cuerpo. Parecía tan desproporcionado e invencible el poder destructivo de la Cosa Nostra y de las mentes refinadas detrás de aquel atentado comparado con las iniciativas del movimiento ciudadano antimafia del cual hacía parte. La Mafia perseguía sus objetivos a punta de carrosbomba y nosotros a punta de eventos culturales. Ceder a la resignación parecía en aquel momento una elección sensata. Pero recuerdo que cuando me alejaba de aquel lugar de muerte tuve una intuición: con la violencia la Mafia no está haciendo una demostración de fuerza, sino que visibiliza su debilidad. Aquel atentado fue la chispa que encendió la revuelta ciudadana en contra de la Cosa Nostra. Por ende, la decisión de no resignarse coincide con negarse a delegar a los otros la construcción de un país diferente. De hecho, la misma democracia y libertad requieren esfuerzo

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