Por JOSÉ ANDRÉS ROJO
La brecha cada vez más grande entre ricos y pobres es un asunto que viene de lejos. El historiador británico Eric Hobsbawm ya hablaba de las terribles consecuencias que produjo esa desigualdad cada vez mayor durante las primeras décadas del siglo XIX, cuando el mundo cambiaba empujado por la doble revolución —la industrial y la francesa— que llegó para ponerlo todo patas arriba. “Los pobres, como los bárbaros del exterior, eran tratados como si no fueran seres humanos”, escribe Hobsbawm en La era de la revolución, 1789-1848. La estampa literaria que ha quedado de aquello es el Londres lleno de miseria y dolor que pintó Dickens. Había tres salidas para cualquier pobre, explica Hobsbawm: “Podía esforzarse en hacerse burgués,...