No sabía si ir o no donde el padre Nicanor. Él había votado sí en el referendo del domingo y, me suponía que no iba a estar el palo para cucharas. Al fin no le pensé dos veces y allá le caí, el mismo lunes siguiente.
El viejo cura me saludó con una sonrisita entre burlona y bondadosa.
-Te había dicho, hijo, en una de nuestras conversaciones anteriores, que en esta puja del plebiscito la paz nos iba a desnudar a todos. Que como con el traje nuevo del emperador, el famoso cuento que bien conoces, iban a quedar a la vista las vergüenzas de unos y de otros, de los ganadores con el no y de los perdedores con el sí. De todos.
-Nos quedamos en pelota, tío, para decirlo en plata blanca.
-Y, como en el cuento, tanto el emperador con sus áulicos y paniaguados,...