(Serie: La tierra jamás prometida. Columna 1 de 3).
Una de dos luchas acabará con nuestra presencia en el planeta: por la Madre Tierra o por la Tierra Madre (“patria”, para algunos).
Desde el cielo, a vuelo bajo, Israel parece un milagro: la aridez del desierto convertida en verde, los sistemas de riego, la desalinización marina, la tecnología agrícola que teje una provocativa colcha gastronómica.
Inscrito en el discurso global de protección de la Madre Tierra, Israel también grita contra el suicidio colectivo; su mea culpa urbana se hace patente en las ciclorrutas a lo largo del Mediterráneo en Tel Aviv, en las innumerables estaciones callejeras de reciclaje. (Como en todos lados, la sostenibilidad se antoja antropocéntrica: duelen la Madre Tierra...