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Es la maquinaria, maestros

Lo que sigue impactando el voto, con algunas excepciones, no es la ideología sino la maquinaria, esa estructura electoral que se aceita con dinero, mucho dinero resultante de la misma corrupción que desvalija las arcas públicas.

05 de noviembre de 2023
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  • Es la maquinaria, maestros

Por Melquisedec Torres - @Melquisedec70

El domingo en la noche echaron campanas al vuelo quienes creyeron que la derecha le había propinado una estruendosa derrota al presidente Petro y al Pacto Histórico en las elecciones territoriales. Los cálculos altamente optimistas les indicaban que el país volvía a ser derechista y que las ideas y los postulados de esa tendencia podían celebrar a rabiar.

Bájense de la nube. Sí, Petro y su movimiento – que está lejos de ser un verdadero partido político – perdieron de manera contundente; no ganaron ninguna alcaldía relevante, las gobernaciones que les quedaron cercanas fueron más producto de complejas coaliciones que de afinidad ideológica, y en asambleas y concejos su votación es casi insignificante. De los 22 millones 300 mil votos para concejales, que son los que realmente miden las bases de los partidos, casi el 50% los recibieron los seis partidos más fuertes, encabezados por el Liberal 2,4 millones, Conservador 1,9 millones, en tanto que Alianza Verde, Centro Democrático y Cambio Radical llegaron cada uno a 1,4 millones, y La U con 1,3 millones de votos. El Pacto Histórico no se ubicó dentro de los 10 primeros e incluso el Nuevo Liberalismo, el MAIS, la ASI y Creemos (de Fico Gutiérrez) le superaron ampliamente.

Pero eso no significa automáticamente que ganó la derecha. Entre otras porque Petro y su PH no son toda la izquierda, y mucho menos lo fueron el domingo. Y si bien el país en muchos tópicos ideológicos conserva una marcada inclinación a tesis que se consideran de derecha, especialmente las de índole moral (la sexualidad, el aborto, la adhesión a religiones, el fervor por la institucionalidad y la aversión a legalizar drogas alucinógenas), en las elecciones territoriales esas líneas tienen poca o ninguna importancia entre los ciudadanos. Y quienes les ganaron a candidatos afectos al gobierno se apoyaron – con excepciones – más en la politiquería y el clientelismo que en oposición a Petro. Y otros incluso hicieron alianzas con cercanos al petrismo.

Lo que sigue impactando el voto, con algunas excepciones de predominancia de opinión como Bogotá, Medellín y en menor medida Cali o Bucaramanga, no es la ideología sino la maquinaria, esa estructura electoral que se aceita con dinero, mucho dinero resultante de la misma corrupción que desvalija las arcas públicas y de las respectivas mafias locales o regionales. Esa es, ni más ni menos, la explicación de por qué en 40 elecciones locales, incluyendo capitales como Santa Marta, Cúcuta y Quibdó, se alteraron tanto los ánimos de la turba al grito de fraude. Quienes han desfilado en estas protestas, algunas con incendio de oficinas y destrucción de tarjetones y formularios E14, no lo hacen en su mayoría por defender la democracia, maestros, ni porque crean a rajatabla en la pureza del sufragio. Están ahí para defender sus propios intereses de próximos puestos públicos, contratos u otros beneficios que el candidato les garantiza en caso de victoria. Contrario, en buena parte, a las salvajes épocas de La Violencia de los años 50 y 60 del siglo pasado, en las que solo los trapos rojo y azul determinaban el fluir de la sangre humana. Hoy los trapos son arco iris y se bordan con mucha plata.

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