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Jorge Ramos
Columnista

Jorge Ramos

Publicado el 24 de enero de 2019

¿ES TRUMP UN RACISTA?

Crees tú que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, es un racista?

Aunque incomode, esta es una pregunta que todos debemos responder. Pero, particularmente, los republicanos y los que votaron por él. Si la respuesta es “sí”, entonces ellos están obligados a hacer algo al respecto.

Todo esto surge por el castigo impuesto al congresista Republicano, Steve King.

En una entrevista con el diario The New York Times, King dijo lo siguiente: “Nacionalistas blancos, supremacistas blancos, la civilización occidental ¿en qué momento ese lenguaje se convirtió en ofensivo?”.

Basta decirle al congresista King que esas palabras se convirtieron en ofensivas cuando nacionalistas y supremacistas blancos, en nombre de su raza, ocasionaron la muerte de millones de personas durante el holocausto y hoy, todavía, son responsables de muchos ataques. En el 2017 había 121 grupos Neo-nazi y 72 de supremacistas blancos en Estados Unidos, según el Southern Poverty Law Center.

King, quien tiene una larga historia de declaraciones racistas -y que alguna vez dijo que hay inmigrantes “con pantorrillas del tamaño de melones porque llevan 75 libras de mariguana por el desierto” – no fue expulsado del congreso. Pero perdió su puesto en todas las comisiones de la cámara de representantes y muchos colegas están pidiendo su renuncia. Ese fue su castigo.

¿Debe un presidente ser castigado igual que un congresista? Si King fue castigado debido a sus opiniones racistas ¿se debería juzgar de la misma manera a Trump, quien también ha hecho comentarios racistas? ¿Debe un presidente ser castigado igual que un congresista?

Cuando el periodista Anderson Cooper le preguntó en el programa 60 Minutes a la nueva congresista, Alexandria Ocasio Cortez, si Trump era un racista, su respuesta fue inequívoca: “Sí, sí. No hay duda”.

Luego, en su cuenta de Tweeter @AOC, la congresista de 29 años de edad -la más joven en la historia del país- fue mucho más específica: “El presidente defendió a los Neo-nazis que mataron a una mujer en Charlottesville. El Departamento de Justicia lo demandó por no rentarle a inquilinos negros. Lanzó su campaña llamándole ‘violadores’ a los mexicanos. Prohibió la entrada de musulmanes. El presidente es un racista. Y esto te debe hacer sentir incómodo”.

Trump, efectivamente, inició su campaña por la Casa Blanca en junio de 2015 diciendo esto sobre los inmigrantes mexicanos: “Cuando México envía a su gente, no envía a los mejores...Está enviando gente con muchos problemas... Traen drogas. Traen crimen. Son violadores. Y algunos, supongo, son buenas personas”. Ese es un comentario abiertamente racista.

Pero hay más. En 2016 el actual presidente sugirió que el juez Gonzalo Curiel, quien había sido asignado a un juicio sobre la Universidad Trump, no podía hacer bien su trabajo y ser imparcial debido a su herencia hispana. Trump explicó en una entrevista con CNN cual era, desde su punto de vista, el conflicto de interés: Trump quería construir un muro con México y el juez Curiel era “de origen mexicano”.

Esa es una de las peores consecuencias del racismo: creer que alguien no puede hacer bien su trabajo debido a su origen racial o étnico. Y eso es lo que dijo Trump.

A pesar de estos dos ejemplos concretos de expresiones racistas por parte de Donald Trump y de las acusaciones de la congresista Ocasio Cortez, entre muchas otras, el presidente no se considera a sí mismo un racista. “Soy la persona menos racista que tú hayas conocido”, le dijo en una entrevista de televisión a finales de 2015 al periodista Don Lemon.

Es imposible meterse en la cabeza de Donald Trump. No sé lo que hay ahí dentro. Pero sí sé lo que ha salido de su boca. Y lo que yo he escuchado son expresiones racistas.

¿Cómo se castiga a un presidente que ha hecho comentarios así? Lo único peor que un político que expresa sus prejuicios sin vergüenza es un grupo que tolera, celebra y repite dicho comportamiento. Lo de Trump ya lo sabíamos hace mucho tiempo -desde el verano de 2015- y aún así más de 62 millones de personas votaron por él.

Pero todo cambia. El castigo a King es una señal importante. Es un grito de “basta ya”. Ojalá no se quede ahí.

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