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Juan David Escobar Valencia
Columnista

Juan David Escobar Valencia

Publicado el 27 de enero de 2020

Eso se echa una “pinturita”

El alcalde de esta ciudad, que inició su carrera política tirando tomates y encapuchado en la plaza del Che en las demostraciones públicas de sus “descollantes” ideas, dijo la semana pasada que no había que “sobredimensionar” los grafitis que los parásitos disfrazados de ciudadanos hicieron en sitios públicos y privados. La coherencia no es lo suyo. Hizo un show limpiando grafitis, como si le pagáramos cerca de 16 millones mensuales para eso, lo que significa que sí le parecía importante; pero al otro día dijo que los grafitis no importan. ¿Entonces qué?

El alcalde verá si raya las paredes de su apartamento con consignas mamertas o pinta de azul a los miembros de su familia, como hicieron esos vándalos con un ciudadano, violentando sus derechos y humillándolo. Pero lastimosamente él es alcalde de esta ciudad y aunque quiera evadir sus responsabilidades subestimando lo que los delincuentes encapuchados hicieron, porque según él eso se arregla “echando pinturita” y listo, esas acciones son una violación a las leyes y derechos de los ciudadanos, así al alcalde no le parezca.

Estos grafiteros son antisociales, contaminadores ambientales y visuales, que se creen con la superioridad moral de obligar a los demás a ver sus ridículas consignas por la fuerza. ¿Por qué no se las pintan mejor en sus caras y se convierten en avisos vivientes para que su mensaje se transmita a toda la galaxia? ¿O no será que sabedores de su poquedad, a la que voluntariamente nadie le gastará un nanosegundo de atención, optan por la fuerza para conseguirla, como cualquier delincuente o incapaz?

Si alguien tiene responsabilidad con los bienes públicos y privados, es un alcalde. Privado se le llama a lo que tiene dueño específico y solo él tiene derecho sobre ello. La propiedad privada es uno de los pilares de una sociedad viable y es inaceptable que otros atenten contra ella, no importa cómo. Por ser alcalde, y no “director” de paros que es lo que hacía el año pasado y ahora no puede patrocinar con dineros públicos, más que nadie tiene que defender lo privado, y si no puede o no le gusta, que renuncie, o tal vez tendremos que hacer que suceda por las vías establecidas por ley.

Pero si la responsabilidad con lo privado es ineluctable, más importante aún es con lo público, que parece tampoco no tiene claro qué significa. Lo público no es, como muchos por exclusión creen, lo que no es privado. “Lo público es lo que es de todos”. Si con lo privado está obligado a responderle a su único dueño, con lo público su responsabilidad es mucho mayor porque son millones sus dueños, los que también son corresponsables. Quien atente contra “lo de todos”, así se resuelva con saliva o “pinturita”, es un antisocial, y más que cualquiera, el alcalde es garante. Subestimar las acciones de estos delincuentes es una forma de complicidad, incluso si fuese “involuntaria”.

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