Ocurrió en un ascensor de un edificio concurrido y prestigioso al que mucha gente va a citas médicas. En pleno recorrido hacia las alturas, el bloque de aluminio se detuvo. Las personas que estábamos adentro retrocedimos para dar paso a una mujer voluptuosa y llamativa que necesitaba entrar e ingresó con fuerza. Se detuvo donde consideró adecuado y con su voluminosa anatomía, oprimió contra la pared a un niño pequeño que iba con su mamá.
Ante la incomodidad, la señora le pidió a la mujer moverse un poco. Y ella, con molestia evidente y el ceño fruncido, gritó: “yo hago lo que quiero”. Segundos después y desafiante, se bajó en el piso requerido. Un mensajero que estaba ahí y vio la escena pronunció: “Y esa es dizque la ‘gente bien’”. Ante esto...