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Juan David Ramírez Correa
Columnista

Juan David Ramírez Correa

Publicado el 08 de septiembre de 2020

Golpes pandémicos

El virus pegó feo: desempleados, negocios cerrados, gente angustiada, empresarios con el agua al cuello, niños desesperados, en fin. Algunos confían en ver luz al final del túnel, otros, viven la máxima oscuridad.

Muchos colombianos volvieron a la pobreza, anota el Dane. 1,6 millones de familias pasaron de tres a dos comidas al día. ¿Lo comprobamos más allá de la estadística? Los trapos rojos en las ventanas denotan el hambre. La gente en los semáforos crece en cantidades y el rebusque es la alternativa. Los mariachis y vallenateros que tocan puerta a puerta en su esfuerzo por reinventarse, no les quedan más de $10.000 al día para subsistir.

Dicen los economistas que puede tomar cerca de 10 años volver a los niveles de desarrollo social que habíamos logrado. Obvio, recuperar a paso acelerado una economía contraída en 15,7 % suena a gesta épica. Habría que generar más de 4,1 millones de empleos, pero, ojo, el drama va más allá, porque las cifras no incluyen al mundo de los informales, que en Colombia sí que es grande.

El exministro y actual presidente de Anif, Mauricio Santamaría dice que se han perdido ingresos por 21,6 billones en los últimos cinco meses. Eso es muchísimo dinero que dejó de circular en la economía, con sus consecuencias lógicas: merma en el consumo, reducción en inversiones, niveles de consumo pírricos e incapacidad para ahorrar.

Sin duda, hay temor por el futuro. Pesadumbre por lo que ha pasado. ¿Quién tiene la bola de cristal para saber qué se viene? Nadie, pues hay un camino incierto que es una realidad. Sin embargo, debería haber un sentido de orientación que nos lleve a buen puerto en esa ruta culebrera.

Ya estamos jugados. Lentamente la economía empieza a tomar dinámica a ver si la demanda aumenta. El punto pasa, entonces, por la responsabilidad compartida de la sociedad en pleno. Aquí, sin excepción, todos somos responsables de las cosas que pasen, porque al coronovirus le vale huevo que estemos mal y nosotros somos los que sufrimos. Tapabocas, lavado de manos, distanciamiento social, en fin, deben ser un mantra y no un karma. Por eso, va la madre al que no use tapabocas.

¿El gobierno? Pues el gobierno -a todo nivel- debe asumir con más rigor eso de timonear el barco, sin escatimar esfuerzos a la hora de sacar recursos. Hay que hacerles la vida llevadera a los diferentes sectores de la economía y salvar la patria destinando todo lo que se pueda. Todo es todo, sin consideraciones y mucho menos amaño político, simplemente con criterio humano, estructuración técnica y manejo epidemiológico.

Como en el boxeo, el coronavirus se ha mandado sus jabs y sus uppercuts, poniéndonos a tambalear feo. Pero hay evitar que alguno de esos golpes pandémicos nos noquee. Ahí está la capacidad de resistir.

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