Hace muchos años, venía don Juan Cancio Tobón, con su pequeño hijo Gustavo, de Urabá, en un camión de carga, con su madera para abastecer los aserraderos de Medellín. En la vía encontraron a una dama embarazada que les pidió un aventón hasta la capital. Como en la cabina no había cupo para todos, el viejo muy atento se pasó para atrás, donde estaba la madera y con tan mala suerte que hubo un accidente y don Juan se mató.
Del hijo y compañero de viaje del maderero, Gustavo, se encargaron los hermanos Botero, tíos del niño, que vivían en Sopetrán y que eran prestigiosos comerciantes de telas y variedades en la plaza del pueblo en un local de mi abuelo Ricardo Gaviria.
De todas estas andanzas sopetraneras y de lo que aprendió este jovenzuelo en la...