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Julián Posada
Columnista

Julián Posada

Publicado el 25 de septiembre de 2021

Hallazgos

Empezó la Fiesta del Libro y recuerdo un hermoso regalo al que regreso con avidez cada tanto: las letras le sirvieron a Stefan Zweig para construir “Los ojos del hermano eterno”, un poderoso texto sobre el ego, el poder y el olvido.

Este relato parece una epifanía sobre los tiempos que corren y concluye con una sentencia que los ciudadanos deberíamos escribir sobre piedra para que ningún gobernante olvide que somos pasajeros: “Y cuando llegó el fin de sus días y el cadáver de Virata fue enterrado en el hoyo de la basura de los siervos, nadie del pueblo se acordaba ya del hombre al que en otra época el país había enaltecido con los cuatro nombres de la virtud. Se escondieron sus hijos y ningún sacerdote entonó la oración de los muertos a su cuerpo sin vida. Solo aullaron los perros, durante dos días y dos noches. Pero también ellos acabaron por olvidarse de Virata, cuyo nombre no aparece inscrito en las crónicas de los soberanos ni consignado en los libros de los sabios”.

Múltiples son los hallazgos que se agradecen a la Fiesta del Libro, que este año extrañamente abandona Carabobo, cuando más que nunca la ciudad necesita reencontrarse en sus espacios públicos. No importa, este fin de semana y la semana que viene son para mirar con otros ojos esta Medellín que angustia. ¿Quiere apoyar uno de los sectores más golpeados durante la pandemia?, dese un paseo por el país y visite y converse con nuestros hermanos los camentsá, los chamí, los cubeo, los yurema, los eperara, los okainas o los arhuacos que tejen nuestro ADN con sus manos y nos muestran lo que también somos, pase por Expo Artesano en Plaza Mayor y recuerde: no les pida descuento, valórelos, dignifíquelos, son nuestros pares. También están ahí emprendedores creativos que buscan que miles de visitantes conozcan su trabajo.

En una vieja casona patrimonial de El Retiro, María Montoya y Tomás Vega han creado La Casa de La Leona, un espacio de los de antes, con galería y un pequeño bistró, una casa con alma; allá exhibe sus joyas a partir de hoy Helena Aguilar.

Aún hay más. Cuando regrese a Medellín actúe como un espía, Instagram puede serle útil para que trate de encontrar un espacio de arte que solo atiende con cita previa porque es una residencia privada: en nueve metros cuadrados exhibe Camilo Castaño Uribe su serie “Volverse Polvo”, creada a partir de imágenes de archivo propias y públicas.

¿Quiere descubrir otros espacios? ¿Ya conoce la Bruja Riso? ¿Ha oído hablar de Policroma? Están en El Poblado, muy cerca una de la otra, en un viejo edificio que pertenece a la curia y, dicen, que fue colegio; en la primera están las pinturas de Camilo Echeverri y en la segunda las obras de Cristina Castagna, Ana de Orbegoso, Iván Hurtado y Abelino Sala.

Tanto para hacer en medio del desorden; pienso de nuevo en Zweig y sus frases que resuenan y en quienes creen que su imperio será eterno: “Desde hace años una sola preocupación atormenta mi alma: ser justo y vivir sin culpa sobre la faz de la tierra”. Hay tantos a quienes regalarles esa joya 

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