Nada de preámbulos, los menudos tienen la palabra:
Cuenta una tía: usando su infantil lógica, cuando mi sobrina tenía cuatro años, rebautizó así a los cocuyos: lintérnagas.
Aclaración de mi nieta Sofía, quien a sus cinco años le ayuda a su abuelo a levantar para los garbanzos con sus historias: no, mami, no me estoy sacando los mocos: estoy consintiendo la nariz por dentro.
Cuenta la madre de Sofía: aterrizamos en Bogotá y estamos esperando las maletas. De pronto la niña respira profundo y dice: ayyyy, mami, huele a Martín. Y le preguntó: ¿Y a qué huele Martín, Sofi? Pues a rico.
¡No, no, no me den hormigas!, le pedía un pequeño a su mamá, refiriéndose a la carne molida. Carne en punticos, le decía otro.
Un niño sorprendió a su padre con esta pregunta:...