Sin que se le moviera un músculo de su cara, sin mostrar un mínimo de arrepentimiento o vergüenza, el presidente de Colombia dijo la semana pasada en Londres, mientras recibía un premio por lograr el acuerdo con las Farc, que en las noches su “peor pesadilla es Venezuela”. Que lo atormenta la idea de un colapso total de los vecinos que genere un flujo migratorio y se afecten los ya precarios sistemas laborales y de salud de nuestro país.
Santos, sabemos hace muchos años, es un hombre de no fiar. Un personaje cuyas contradicciones, calculadas, revelan su oportunismo moral. Pero al mismo tiempo es un político con suerte, al que los tiempos cambiantes le dan la ventaja para modificar sus principios. Un mandatario que criticó a Hugo Chávez para ganar...