Estamos invitados a acudir mañana a las urnas para votar en la Consulta contra la corrupción. La pereza electoral que caracteriza nuestra democracia nos tienta a no pararle bolas al asunto y no ir a la cita. Sería una trampa de la misma corruptela que nos esclaviza. Algunos, individualmente o como grupo político promueven la abstención, en contra de sus cacareadas convicciones políticas y partidistas que siempre han esgrimido para conquistar el favor y el fervor ciudadanos. Ahora, sin ninguna vergüenza hacen alarde de abstencionismo y ponen el grito en cielo por el costo económico de la Consulta. Menor, por supuesto, de lo que se roban los corruptos. Y alegan algunos que lo que busca lograr el pueblo (al que cuando les conviene llaman a boca...