Pico y Placa Medellín
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Que vivimos en el trópico, es inevitable. Esta tierra nos ha hecho y todavía no llegamos al final de Cien años de soledad. O sea que no hay nadie con cola de cerdo todavía, aunque sí se notan las de lagarto”
Por José Guillermo Ángel R. - memoanjel5@gmail.com
Estación Merengue, a la que llegan lo inesperado y la gente queda con los ojos muy abiertos, pues lo que creen mirar cambia de repente o en condiciones salidas de lo común (rezos, apagones, una pantalla que se enciende y el que hablaba apareciendo en otro sitio). Y estos, los primeros invitados, son seguidos por los calores que aumentan con descaro y los que bostezan detrás de los pañuelos (no sé si perfumados), los olores indecentes y los que se reacomodan en las sillas buscando salir del hormigueo que les corre por las piernas, los que esperan el momento para hablar y no saben si lo harán o les cancelaron el discurso, los que mandan mensajes explicando que al evento no van porque no hay nada qué entregar, los que piden que los dejen ver pues se fritan afuera y las sombrillas ya hierven de tanto sol como reciben, los que se encogen de hombros y abandonan diciendo que mejor por la noche se enteran de lo que pasó, los que maldicen a la administración anterior porque todo lo que dejó fueron pañales usados, los que miran de reojo para ver cuántos gringos llegaron y cuáles lograron colarse sin invitación. Y en medio de esto, el rey de España derecho como un cirio.
Ya sabemos que el Caribe es una región de alborotos, bailes amacizados y pasos que hacen parecer al bailarín como montando en bicicleta. Y que la diferencia entre dictadores y presidentes es más bien poca, pues las constituciones tienen huecos para que el elegido (en estas democracias risibles) gobierne como un como un Virrey, que el rey ya sabemos dónde está y es gordo y con peluca. Y que esto sea malo o bueno, ni se sabe, pues así ha sido siempre. Al mismo Bolívar lo venció la doctrina Monroe, como al fin admitió Indalecio Liévano Aguirre.
El rey de España, que parece sota de baraja, ya debe estar curtido con el realismo mágico al que asiste cada tanto Perú, Argentina), aunque esta vez el asunto se mezcló con un temblor de grandes magnitudes, que quizá lo llevara a pensar “esta gente lo resiste todo”. Y bueno, lo que se diga de aquí en adelante, lo que se piense y se escriba, lo que se pinte o la película que se haga tendrá como base el bailado caribeño, que a lo mejor funcione, pues hemos vivido desórdenes más grandes y aquí estamos. Y ojalá todo vaya con bien y llueva. Necesitamos pensar en frío para sostener lo que tenemos hasta ahora. Y si hay algo más y mejor, los vientos no soplen hacia otra parte.
Acotación: que vivimos en el trópico, es inevitable. Esta tierra nos ha hecho y todavía no llegamos al final de Cien años de soledad. O sea que no hay nadie con cola de cerdo todavía, aunque sí se notan las de lagarto.