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Sobre la pasión por la incertidumbre

hace 1 hora
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  • Sobre la pasión por la incertidumbre
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Por José Guillermo Ángel R. - memoanjel5@gmail.com

Estación Miedo Continuado, a la que llegan los que creen que todo lo que viene es caos y vacío (como cuando nada existía), los que parten el camino en muchos y entonces así se pierden, los que solo quieren segregar adrenalina y se acompañan de sustos variados, los que no ven más que oscuridad y diablos tocando la pandereta, los que solo tienen deseos pero se niegan a construir, los que engrosan la fila de los muertos sin enterrar de Crónicas de Sochantre (la novela de Álvaro Cunqueiro), los que a cualquier idea ajena explotan, los que son mirados y se sienten acusados, los que ven algo claro y cierran los ojos debido a sus prejuicios, los que voltean todo al revés porque las cosas no pueden ser tan claras, los que se oponen a lo pactado y amenazan con dañarlo, los que dudan de todo sin hacerse preguntas, los que todo lo tachan porque así no es como quieren, en fin, en esto de vivir la incertidumbre hay toda clase de gente, incluida la que ingresa en los misterios sin temor porque tienen fundamentos para parar a tiempo y saber de qué se trata.

El miedo que cargamos y aparece con solo encender el celular y mirar las redes, es una constante en este siglo XXI. Miedo a la tecnología que hemos colocado por encima de nosotros (la tecnolatría convertida en dioses peligrosos), miedo a la política (que antes que una acción civil para el bien común está convertida en un revoltijo de pasiones), miedo al otro porque puede estar pensando lo contrario a lo que yo creo (no a lo que sé), miedo al mismo celular porque es un vehículo que permite amenazas y estafas, agrandar temores con la información y sentirse seguido (el acoso del dónde estás y no contestas).

Y este miedo aumentado se debe a la incertidumbre a la que ya somos adictos (la información de bajo nivel es una adicción), a preferir datos, ciertos o no, antes que análisis profundos sobre el estar aquí y ahora, a deseos de querer más sin saber qué tenemos y para qué sirve. Y pensando, entonces, que todo tendrá un mal final, aparece el para qué seguimos (los jóvenes ya sufren este síndrome) y se afecta el trabajo, la convivencia, el pensar en orden y en frío, la planeación debida y la realidad cierta, que no es la imaginada ni la pregonada por quienes se alimentan de clics con sus exageraciones. Pero bueno, lo que está claro hay que oscurecerlo, esa parece ser la estrategia.

Acotación: la incertidumbre continuada (leer Carta a un rehén, de Antoine de Sain Exupéry) nos desmerece como humanos, nos debilita y permite ver toda clase de distopías imaginarias, lo que hace que entremos en condición de sobrevivir (hago lo que sea) y no de vivir, que es hacer lo que es debido y agrada.

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