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Sobre locuras y desmesuras

La locura y la desmesura hacen una fila larga que camina por las redes, distorsiona la información y pone en estado de alerta (cuando no de enfermedad mental) al ciudadano.

01 de marzo de 2024
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Por José Guillermo Ángel R - memoanjel5@gmail.com

Estación Alucinación, a la que llegan los que confunden la parte con el todo, los que emigran sabiendo que donde van no los quieren, los que no admiten más que sus prejuicios, los que investigan sobre vacunas suponiendo que les inyectaron un chip, los que van a reclamar derechos por fuera del país, los que persisten en ganar guerras perdidas (metidos en búnkeres profundos), los que convierten la realidad en una mentira y todo lo tuercen para que otros crean que pasa lo que no es, los que gobiernan peleando con ministros y gobernadores (y quieren gravar con impuestos hasta el respirar), los que dicen algo no políticamente correcto y les explotan por todos lados, los que crean un problema externo para evadir uno interno, los que creen que pueden ser candidatos porque a todo le responden con delirios narcisistas, en fin, la locura y la desmesura hacen una fila larga que camina por las redes, distorsiona la información y pone en estado de alerta (cuando no de enfermedad mental) al ciudadano. Y frente a esto, no hay un Erasmo de Rotterdam que escriba un nuevo Elogio de la locura, esta vez política y económica.

Si se analiza a fondo lo que pasa, donde la ética es una dietética (parece que fue Nietzsche el que dijo esto mirando las salchichas que le enviaba su hermana) en la que en lugar de comer se traga y devora, Occidente está en plena decadencia. La metrópoli, representada por Europa y los Estados Unidos (de allí llegaban el progreso y el orden social creciente), ya en lugar de aportar conocimiento y civilización lo que produce es miedo, cultura fracasada y lo que eran sus avances ahora son retrocesos en lo económico, político, científico (dedicado a crear caos) y artístico. Antes se aprendía de la Metrópoli, ahora hay que sacarle el cuerpo.

La locura es una pérdida del sentido de realidad. Y los líderes del mundo, enfrascados (tal vez borrachos) en combatir viejas fantasmagorías, señalan a unos y a otros para destruirlos. Y si bien la propaganda dice que los fantasmas son reales (eso es lo que grita), lo cierto es que esas visiones infernales son sistemas políticos internos fracasados que buscan un chivo emisario en quien descargar las culpas. Y a todas estas, los ciudadanos del común, los que quieren trabajar, comer, amar y dormir, van enloquecido también, rodeados por el delirio de liderazgos que se pegan de lo peor para seguir en el poder. Y bueno, se resiste sin saber hasta cuándo.

Acotación: se viven tiempos distópicos (Mad Max, 1984, El país de las últimas cosas), siendo la distopía el peor de los finales. Y esta distopía, que comienza siendo mental (locura), va cobrando forma en la desmesura y, como esta es líquida, interviene todos los espacios. Se salvarán los que apaguen los celulares, si son capaces.

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