Pico y Placa Medellín
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Por Juan David Escobar Valencia - opinion@elcolombiano.com.co
En Saipán, una de las islas del archipiélago de las Marianas al noroeste del océano Pacífico, a espaldas de un antiguo aeropuerto construido por japoneses en la Segunda Guerra Mundial y ocupado antes de su terminación por tropas estadounidenses, se ubica, imponente, el llamado “Acantilado del Suicidio”, que tiene vista excepcional sobre el océano.
Este hermoso lugar tiene un nombre terrible porque desde allí se lanzaron al vacío civiles y soldados japoneses para no ser capturados por las tropas estadounidenses en julio de 1944. En Hong Kong hay otro lugar con el mismo nombre en el pico Kowloon, pero no porque la gente decida suicidarse allí sino porque la caminada es tan difícil, que intentar llegar resulta una locura autodestructiva. Sin embargo parece que otro “acantilado verdaderamente suicida” está formándose, pero en Colombia, en el tortuoso y empinado sendero a las próximas elecciones presidenciales, porque algunos estúpidos, inconscientes, miopes políticos, de malas pal pienso, irresponsables, deficitarios neuronales, engreídos, incapaces de ver más allá de la primera vuelta, mal equipados cerebralmente, etc., son tan idiotas que, en vez de enfrentar unidos a quien quiere acabar con ellos y con todo, implantar el marxismo en Colombia, asegurar que la única abundancia sea la escasez, robarse todo lo que usted y sus antecesores construyeron, matar el don más preciado de los humanos que es la libertad, pauperizar a la población y eliminar el futuro de las siguientes generaciones, gastan sus recursos limitados en tirarle piedras al otro candidato que coincidencialmente tiene la misma amenaza.
¡Carajo! Con razón Antonio Nariño llamó a este país la “Patria Boba” cuando sin haber terminado de derrotar a los españoles, por estar peleando entre nosotros, Pablo Morillo reconquistó el país en 1816. Parece que la estupidez se transmite genéticamente más poderosa e incrementalmente de lo que uno quisiera admitir, y seguimos corriendo el peligro de caer en las manos equivocadas por culpa de un pequeño grupo de gente que llegó tarde a la repartición de cerebros.
Da pena ver a un grupillo de seguidores inconscientes de Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia, que creen que ser idiota con intensidad y comportarse como un suicida fundamentalista es muestra de convicción y firmeza, tirándose piedras entre ellos, en vez de estar tirándoselas simultáneamente al candidato del marxismo cleptómano que acabará de destruir el país que el alucinado marxista en el Palacio de Nariño no pudo por inepto. ¿Cómo sufrirá el espíritu de Antonio Nariño viendo desde donde esté, que la patria sigue estando plagada de bobos?
¡Carajo! ¡Vuélvanse serios!, conecten las neuronas que tengan, así sean poquitas, y aunque sea por unas semanas, desconfíen de sus limitados cerebros y cierren la boquita, que así se ven más bonitos, aunque lo tonto no se les va a quitar. Todos corremos el riesgo de hacer estupideces, pero abusar de ello y hacerse propaganda es desfachatez.
Para primera vuelta haremos un gran esfuerzo, y para la segunda, unidos, mínimamente se “duplicará”. Hace cuatro semanas en mi columna “La estupidez de olvidar a quién verdaderamente derrotar” dije: “El país no necesita marxistas en el poder, pero mucho menos votantes estúpidos con visiones miopes y tribales de lo fundamental para salvarlo.”