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¿Para dónde irá Irán?

hace 1 hora
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  • ¿Para dónde irá Irán?
  • ¿Para dónde irá Irán?

Por Juan David Escobar Valencia - opinion@elcolombiano.com.co

Escribí esta columna el lunes anterior, analizando la probabilidad de un ataque a Irán en días o semanas. Pero como ocurrió días después, debí modificarla para considerar algunos hechos y factores, aunque por numerosos muchos quedarán pendientes. En diciembre de 1977 el presidente Jimmy Carter, visitó a su aliado el Sha de Irán. Por ingenuidad, falta de visión panorámica y desconocimiento de las fuerzas que interactúan para tomar y ejercer el poder, Carter dijo que Irán era: “una isla de estabilidad en una de las zonas más conflictivas del mundo”. Semanas después iniciarían las protestas que concluirían en la “Revolución Islámica”, que pudo concretarse porque no existían condiciones ni actores internos capaces de evitar su inicio y desarrollo.

A pesar de los riesgos, Irán fue atacado por Israel y EE. UU., explicándose la presencia del portaviones USS Abraham Lincoln y el desplazamiento del USS Gerald Ford y destructores como el USS Mahan hacia el Golfo Pérsico. Para Israel las razones son existenciales, y parte de las del gobierno estadounidense es que, “temporalmente” sin balas arancelarias por culpa de la Corte Suprema, carece aún de éxitos “definitivos” en el exterior y varios conflictos irresolutos, como la invasión a Ucrania, y la negociación con Irán que tampoco cuajaba porque las “solicitudes” estadounidenses eran, sin una amenaza o acción destructiva de gran magnitud, inaceptables desde la perspectiva del régimen iraní. Esas exigencias solo se cumplirían si su teocracia chiita y el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) hubiesen desaparecido.

Una toma de Irán tiene poca probabilidad de éxito por razones geográficas y operativas, pero si quería acelerarse un cambio de postura del régimen, o de régimen, se necesita, como en 1979, asegurar que nada obstaculice una “revolución interna”, dándole margen de maniobra a las fuerzas opositoras, decapitando al gobierno, debilitando sus dos brazos armados (fuerzas militares convencionales y CGRI), y de ser necesario, un estrangulamiento económico, que es fácil porque un solo ataque en un punto específico de su infraestructura petrolera eliminaría la mayoría de sus exportaciones de hidrocarburos. Todo esto facilitado porque no existe quién pueda “defender” a Irán. Rusia no tiene alientos, aunque quisiera; China no tiene capacidad ni interés porque ya no depende sustancialmente del petróleo iraní; y una otrora impensable alianza entre Israel y el mundo árabe sunita, ahora estaría feliz de debilitar a su rival común, el Irán chiita.

Pero hay preguntas que solo resolverá el tiempo. Como Irán no es monolítico, ¿están unificadas todas las fuerzas opositoras para garantizar una sucesión que evite que se convierta en una nueva Libia? ¿Resistirían un contrataque de las fuerzas militares iraníes que queden activas, diseñadas no para ganar guerras interestatales como contra Irak en los 80, sino para aplastar insurrecciones internas como las iniciadas en diciembre? ¿Desaparecido el Ayatolá Jamenei realmente colapsará el enorme aparato religioso chiita? ¿El gobierno iraní y el CGRI, aunque debilitados, podrán activar represalias peligrosas? Además de cerrar el Estrecho de Ormuz, bombardear Israel y lanzar ataques cibernéticos, hay otra posible retaliación. Hace años, su expresidente Mahmud Ahmadineyad advirtió: “Irán puede reclutar cientos de terroristas suicidas al día. El suicidio es un arma invencible”. ¿Saben dónde se refugian muchas todavía existentes células terroristas de Al Qaeda, a pesar de ser sunitas?

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