Pico y Placa Medellín

viernes

2 y 8 

2 y 8

Pico y Placa Medellín

jueves

5 y 9 

5 y 9

Pico y Placa Medellín

miercoles

4 y 6 

4 y 6

Pico y Placa Medellín

martes

0 y 3  

0 y 3

Pico y Placa Medellín

domingo

no

no

Pico y Placa Medellín

sabado

no

no

Pico y Placa Medellín

lunes

1 y 7  

1 y 7

Contemplar

Si perdemos la posibilidad de contemplar, los días se nos irán sin marca alguna, y no sabremos cómo enfrentar la obsolescencia humana que nosotros estamos programando.

hace 1 hora
bookmark
  • Contemplar

Por Diego Aristizábal - desdeelcuarto@gmail.com

Esta semana tuve un sueño muy curioso. Soñé que la inteligencia artificial (IA) estaba muy triste porque nadie le había vuelto a preguntar nada. Ustedes no se imaginan la angustia que sentía la pobre, no se hallaba, no sabía para dónde coger. Le veía la preocupación en sus palabras. Bueno, no eran palabras, era una comunicación que iba más allá. ¿Uno cómo le ayuda a una IA por culpa de una crisis de atención y olvido? Creo que en el sueño no le dije nada, o no lo recuerdo. Al menos la hubiera podido abrazar, pero cómo abrazarla. Me desperté acongojado.

La tecnología, a lo largo de la historia, nos ha proporcionado algo extraordinario: nos ha dado tiempo, que cada uno de nosotros ha sabido desperdiciar o aprovechar a su manera y otros más lo han destinado para producir más y más, sin parar, sin preguntarse cuánto será suficiente. Este grupo, sin duda, a pesar de que le da satisfacciones momentáneas a la humanidad también nos pone bajo el riesgo de que si seguimos así, nos anularemos en un futuro muy próximo. La manera como nos estamos relacionando con la naturaleza es apenas un ejemplo.

Ahora, como lo decía en la columna anterior, puede que la IA escriba, pinte, componga música y muchas cosas más, pero hay algo que una inteligencia artificial no hace y no podrá hacer nunca por nosotros, y, estoy seguro, nos salvaría de muchísimas cosas: ¡Contemplar! Ahora que lo pienso, el vacío que sentía la IA angustiada de mi sueño, probablemente se llenaría si ella pudiera contemplar. Contemplar es una virtud humana, pero la hemos perdido de vista por culpa del ritmo desenfrenado que decidimos tener. Una máquina nunca podrá contemplar porque depende de una instrucción, de parámetros. A una máquina nunca la llenará de alegría el asombro, nunca sabrá qué hacer con las sutilezas de la vida, con lo espontáneo, con una conversación entre un padre y una hija cuando está cerca la ineludible muerte y ambos ganaron al estar de corazón una tarde, o muchas, a pesar lo que hay que hacer siempre en el trabajo. Una máquina no siente nada ante el espectáculo de la vida; por eso seguirá siendo una máquina que será cambiada por otra tecnología.

Si perdemos la posibilidad de contemplar, los días se nos irán sin marca alguna, y no sabremos cómo enfrentar la obsolescencia humana que nosotros mismos estamos programando. Por más tecnología que tengamos, en buena hora, el reto será no perder nunca nuestro humanismo, que es precioso; lastimosamente, en vista de ciertos errores que estamos cometiendo, de la esclavitud que nos estamos imponiendo, el destino parece apuntarle a que en algún momento veremos a un robot con emociones y a un supuesto ser humano que solo ejecuta porque olvidó qué era vivir.

Sigue leyendo

Te puede Interesar

Regístrate al newsletter

PROCESANDO TU SOLICITUD