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Los iluminados

Es la consecuencia de creer que la iluminación ideológica reemplaza la capacidad técnica.

hace 1 hora
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  • Los iluminados

Por Juan David Ramírez Correa - columnasioque@gmail.com

Hace poco leí un post en LinkedIn que decía: “Yo desconfío de los personajes que siempre tienen la razón. Sobre todo, los que la tienen porque proviene de sus adentros, de la iluminación que los acompaña”.

Tomo la frase prestada, porque es muy diciente sobre lo que ha sido este gobierno: unos iluminados que todo lo saben.

No quisiera que esto se interprete como opinión visceral, pero sí que se vea como un asunto de evidencias. El gobierno actual se mostró hace cuatro años como dueño de la verdad sobre las cosas que el país necesita, idea que construyó anclada a la caótica figura de Gustavo Petro, un personaje que le gusta recurrir a endilgarse el supuesto de honor de creerse líder de avanzada y global. Hoy, la única verdad es la evidente: el gobierno no cumplió con lo prometido en la idea que le vendió a todo un país de hacer de Colombia una potencia mundial de la vida.

Parto de una hipótesis: cuando un gobierno llega convencido de que tiene la razón absoluta, no gobierna, evangeliza. Y evangelizar no es gobernar. Gobernar es ejecutar, negociar, ceder, construir junto a otros. Cumplir.

Eso justo es lo que no ocurrió.

Hace unos días, la representante Luz Pastrana presentó un análisis revelador: 71 % de las promesas hechas por el gobierno no se cumplieron. Pastrana estudió las 214 promesas que Petro inscribió en la Registraduría antes de ser elegido. 152 siguen sin cumplirse y solo 62 tienen algún registro de avance.

Me di a la tarea de revisar el trabajo de la representante. Solicité a la inteligencia artificial comparar el plan de gobierno, el Plan Nacional de Desarrollo y los informes de rendición de cuentas, con la información pública disponible sobre resultados en temas como la seguridad, la salud, la reforma agraria, infraestructura, educación, transición energética y la llamada paz total. También le pedí que analizara la factibilidad de lo prometido considerando el contexto real colombiano.

El resultado fue coherente con lo que Pastrana encontró, con el agravante de evidenciar una brecha gigante entre lo prometido y lo que efectivamente era posible lograr.

La reforma agraria fue uno de los ejemplos que la IA entregó. Prometieron entregar tres millones de hectáreas a los campesinos. A hoy, hay menos de 20.000 entregadas. Para cumplir tendrían que hacer gestionado aproximadamente 2.100 hectáreas diarias durante el cuatrienio. Fue una promesa que nunca tuvo asidero técnico y terminó siendo parte de la retórica de campaña presentada como política pública.

Otro ejemplo de la IA, la paz total. Prometer la paz sin fortalecer la presencia del Estado fue desconocer deliberadamente la realidad de un país que dijeron conocer como las palmas de sus manos. Como desconocieron esa realidad, creyeron tener la solución: abrirles a los violentos un camino de negociación oscuro y marcado por supuestas componendas. La evidencia del fracaso no necesita mucha explicación.

Lo que ha pasado no es mala suerte. Es la consecuencia de creer que la iluminación ideológica reemplaza la capacidad técnica. Lo triste es que las narrativas que crearon para acomodar su historia tapan la evidencia. Reforma hundida por el Congreso... fue bloqueo institucional. Si las cortes se pronuncian... golpe de estado silencioso. Si los números no cuadran... es el modelo heredado. Si las cosas se caen por su propio peso... hay una conspiración global o fuerzas siderales actuando. Nunca hay un error propio que valga la pena reconocer.

Las soluciones de la verdad progresista se volvieron cantos de sirenas que esconden no solo la falta de ejecución, también los escándalos de corrupción, el problema fiscal, una crisis de salud tan grave como una enfermedad terminal y un deterioro institucional que tiene a la democracia en ciernes.

Definitivamente, hay iluminados a los que se les van las luces. ¿Vamos a repetir esta historia?

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