Con la decisión de la Corte perdieron el amor, la tolerancia y los niños, pero como bien lo dice Catalina Solórzano, este es apenas el comienzo de la “guerra del amor”, aquí un fragmento de sus palabras, que esta semana se hicieron virales. (El resto se puede leer en https://www.facebook.com/catasolorzano/posts/10153184344564203). “Cansada de tanto sinsentido, de tanto fanatismo, de tanta ignorancia y por otro lado de tanta indiferencia, decidí también contar mi historia.
Nací de una pareja heterosexual y desde que tengo uso de razón me gustan los vestidos, los accesorios, los tacones y los hombres. Mi hermana nació en la misma familia y nunca quiso heredar mis vestidos y mis tacones y los hombres fueron siempre sus grandes amigos y nada más. Fuimos criadas con el mismo amor y respeto, ninguna de las dos tiene trauma alguno con su sexualidad, ni mucho menos fuimos abusadas o estamos enfermas. Simplemente así como a mí me gustan los tacones, a mi hermana le gustan los Converse; como a mí me gusta el helado de chocolate, a ella el de vainilla; así, a mí me gustan los hombres y a mi hermana las mujeres”.
Catalina y su hermana esperan constituir una familia con hijos, pero en este país la ley discrimina a una por su orientación sexual, pero, según el fallo de tutela 606 de 2013 de la misma Corte Constitucional, la familia se puede entender hoy como un núcleo que está compuesto también por parejas distintas a las tradicionales. En las mismas salas donde se producen sentencias como esa, se negó a miles de niños la posibilidad de la adopción.
Para legislar en derecho y construir criterio, ¿por qué un Estado “supuestamente” laico recurrió a la opinión de una institución de reconocido sesgo religioso? Increíble además que esa universidad afirme lo que dijo, sabiendo que desde 1973, el homosexualismo está técnicamente excluido de la clasificación de enfermedades por la APA y desde 1990 por la OMS.
Lo dijo el ICBF y lo reiteró el Externado “no existen evidencias científicas que conduzcan a negar la posibilidad de que parejas del mismo sexo adopten niños, niñas o adolescentes, como tampoco existe evidencia de que solo la heterosexualidad de la pareja garantiza las condiciones humanas, afectivas, de cuidado y orientaciones que permitan un desarrollo equilibrado del niño”.
Soy de los que cree que país, gente y leyes deben estar al servicio de la sociedad, no de las creencias religiosas de unos pocos, pido perdón a los niños, porque el Estado les negó la posibilidad de ser amados por dos padres o dos madres.
La abuela de Catalina de 75 años pregunta con razón “¿Quién puede brindar amor, seguridad, sociabilidad, respeto? Solo quienes lo han recibido de sus mayores, sean o no heterosexuales. ¿De cuál enfermedad hablan? Enfermos los que no aceptan la diferencia.” Catalina, esta batalla apenas empieza.