El jueves de la semana pasada, el alcalde Gutiérrez me invitó a acompañarlo a la Comuna 13, territorio al que me he acostumbrado en los últimos años, pero aquella noche no lo reconocí. Percibí un silencio siniestro y un caminar de la gente prudente.
De hecho, me hicieron falta los sonidos, los colores y la narrativa de los movimientos culturales que con valentía en estos años se han negado a doblegarse al miedo, dándole en cambio protagonismo a la gente honesta de la 13. La paz, me dije, es ruidosa. Mientras regresaba a la casa me quedé pensativo. En particular, una pregunta ocupaba mi mente. “Medellín lo tiene todo para transformarse. ¿Por qué parece no lograrlo?” Pensaba en las iniciativas, personas, organizaciones que he tenido el honor de...