Que el fútbol es una metáfora, una alegoría y a veces una parodia o imitación burlesca, de la guerra, es casi una verdad de perogrullo. Agilísimos narradores de la radio y la televisión lo demuestran en cada partido, que presentan, así no lo quisieran, como una confrontación definitiva entre equipos barriales, regiones o países, como ha sucedido en estos días. El deporte como juego limpio y entretenimiento debería ser un factor de paz y convivencia y con el fútbol se ha insistido muchísimo en esa finalidad, aunque la malogren las indomables barras bravas y las incitaciones violentas por micrófonos y altoparlantes. La manía de degradar los encuentros a la categoría de disputas territoriales encarnizadas (incontables veces se repite la palabra...