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David E. Santos Gómez

Doctor en Ciencias Sociales, Magister en Estudios Humanísticos y Periodista. Es columnista semanal de El Colombiano y profesor en Eafit de temas relacionados con la historia contemporánea, la geopolítica y el periodismo.

La impaciencia del gobernado

Porque si en Europa el temor de inestabilidad pasa factura, en América Latina la actualidad nos da unas radiografías de pánico.

hace 1 hora
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  • La impaciencia del gobernado

Por David E. Santos Gómez - davidsantos82@hotmail.com

La luna de miel del gobernante ha dejado de existir. Las sociedades democráticas contemporáneas, ansiosas, son incapaces de dar un compás de espera mínimo para que los elegidos muestren resultados. El juzgamiento es directo y con pasión. Con rabia, muchas veces. Si a la vuelta de un par de meses el cambio prometido no aparece, la popularidad del mandatario desciende y el círculo vicioso empieza a destrozarlo: hay crítica porque no se ejecuta y no se ejecuta porque no hay apoyo político que es, a su vez, consecuencia del retiro del apoyo popular. Los análisis periodísticos que hablaban del primer año del gobernante como el periodo de adaptación son cosa del pasado. Los reportajes que hacen un balance de los primeros 100 días son ya una cuenta de cobro por la falta de resultados. Tres meses para juzgar la transformación de un país.

Hay excepciones, pero la regla es cada vez más amplia. En Europa, Francia no sale del atolladero desde hace más de cinco años, España enseña los malabares más sorprendentes con sus partidos políticos que a duras penas logran mayoría, Alemania -fuente de inspiración de la institucionalidad- se ve amenazada por una agrupación de extrema derecha. En las últimas semanas el Reino Unido ganó titulares como el nuevo ejemplo de la impaciencia y la falta de conexión del gobierno con su electorado. Desde el Brexit en 2016, que generó la renuncia inmediata de David Cameron, la isla ha tenido seis primeros ministros. El actual, Keir Starmer, se tambalea en medio de feroces críticas de su propio partido, el Laborista, que le reclama falta de liderazgo. “El país se ha vuelto ingobernable”, dicen los analistas. Y la frase se repite en distintas latitudes. Gobernar es cada vez más complejo y ahí radica una parte sustancial de la crisis de la democracia.

Porque si en Europa el temor de inestabilidad pasa factura, en América Latina la actualidad nos da unas radiografías de pánico. Países como Ecuador, Perú y Bolivia, que al inicio del siglo lograron encontrar cierto sosiego institucional y sus presidentes pudieron, al menos, terminar sus mandatos, ahora vuelven a caer en una espiral descendente. Perú escogerá en unos días a su octavo presidente en diez años. Uno que subirá al poder con apoyos mínimos entre la ciudadanía (sin importar quién gane) y cuyo objetivo será, mínimo, finalizar el quinquenio. En Bolivia, Rodrigo Paz, que se posesionó en noviembre, ya acusa al ex presidente Evo Morales de impulsar las revueltas que lo tienen al borde de la renuncia. En Ecuador el joven Daniel Noboa capotea cifras de inseguridad que le generan una imagen negativa de más del 60 por ciento. En Chile, José Antonio Kast tuvo que hacer cambios en su gabinete al segundo mes de mandato. Lo hizo, según explicó, “en base a un sentido de urgencia”.

El pueblo exige resultados inmediatos y gobernar así es imposible. Nada es suficiente para un impaciente.

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David E. Santos Gómez

Doctor en Ciencias Sociales, Magister en Estudios Humanísticos y Periodista. Es columnista semanal de El Colombiano y profesor en Eafit de temas relacionados con la historia contemporánea, la geopolítica y el periodismo.

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