Últimamente en Colombia parecería que la calidad de las obras físicas estuvieran cayendo. Es como si la ingeniería colombiana, entrara en un ciclo, si no de desprestigio, sí de dudas sobre su eficacia. Se desploman y se rajan edificios de apartamentos, quedando reducidos a polvo los ahorros y sueños de modestos propietarios. Los puentes se desploman, algunos realzados como orgullo de la ingeniería colombiana, caso el del Chirajara. Las carreteras, con algunos aguaceros, se desbancan y se desploman, quedando incomunicados pueblos enteros. Represas como la del Guavio, con su gran componente de escándalo por corrupción, se quedaron petrificadas en las páginas rojas del Código Penal. Y ahora Hidroituango, el buque insignia de la ingeniería antioqueña,...