Nunca como hoy, el periodismo colombiano tiene en sus manos una inmensa responsabilidad. Siempre se ha dicho que la prensa es el cuarto poder, después de los tres poderes democráticos: el ejecutivo, legislativo y judicial. Pero cuando en un país esos tres poderes han sido tan deteriorados por la corrupción, como en Colombia, la ciudadanía vierte su esperanza en la prensa.
Antes se sabía sobre graves casos de corrupción en el legislativo y ahora los reflectores de Odebrecht se enfocan sobre el ejecutivo. Pero hoy son los magistrados de las altas cortes quienes aparecen envueltos en el más vergonzoso escándalo de malignidad, que los pone en el mismo nivel de los “carteles” (lo han llamado el cartel de los togados), reductos de malevos asociados...