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Carlos Alberto Giraldo Monsalve
Columnista

Carlos Alberto Giraldo Monsalve

Publicado el 01 de julio de 2019

La sombra de las Águilas Negras

Diferentes actores civiles del país, en una inquietud comprensible, formularon la pregunta los últimos días a diferentes funcionarios del mayor nivel del gobierno, a propósito de la matanza de líderes y de las amenazas contra activistas políticos y sociales: ¿quiénes son, quiénes integran, la organización ilegal que se hace llamar hace más de dos décadas “Águilas Negras” y que reparte panfletos con sentencias de muerte a lo largo y ancho de Colombia?

“Fuerzas oscuras”, “una mezcla perversa de narcotráfico, terratenientes y políticos corruptos”, “exmiembros de las Fuerzas Armadas, o activos, que sirven de mercenarios clandestinos a quienes quieren sacar de carrera a figuras incómodas”, “neoparamilitares”, “guerrilleros conversos”. ¿Todas las anteriores? ¿Ninguna de las anteriores?

El primer asunto es que sorprende y ofende el sentido común ciudadano el hecho de que, a la fecha, las autoridades, su inteligencia judicial y su aparato militar-policial no tengan idea de quiénes lideran, integran, patrocinan y cooperan con un grupo que tiene garras en tantos departamentos.

Del paramilitarismo de ayer y de hoy, instrumentalizado para apoyar la lucha contrainsurgente, el despojo de tierras y penetrado hasta los huesos por el narcotráfico, ha habido jefes visibles: los Castaño, Mancuso, Don Berna, Vanoy, Macaco, HH, Jorge 40, Arroyave, Martín Llanos, Cuchillo, y ahora Otoniel y un largo etcétera. ¿Pero quiénes son los “comandos” de las Águilas Negras? ¿Cuáles son su historia, recorrido, creadores, territorios y hombres-arma?

El Estado no tiene respuestas y la razón es sencilla: se trata de fuerzas, comandos, de exterminio “de indeseables” del nivel local y regional que conforman, a necesidad y transitoriamente, gamonales, jefes políticos “fascistoides”, terratenientes, algunos integrantes del Ejército y la Policía con espíritu de justicieros, narcos prominentes y aceptados y algunos comerciantes amigos de la limpieza social.

Por eso no hay cabezas, no hay detenidos y esa “chapa” les funciona, tan bien, a quienes sí son enemigos de la democracia: de la diversidad política, cultural y religiosa. Personajes convertidos en ángeles exterminadores “de la maldad”, cuando de malos ellos tienen la condición de homicidas intelectuales o materiales.

Sería bueno que de no ser así, entonces el Estado y el Gobierno Nacional den explicaciones y muestren resultados contra estos pájaros que vuelan a sus anchas en la larga noche de ejecuciones extrajudiciales de Colombia.

A estas alturas de la historia nacional y sus conflictos, no estamos para eufemismos y entelequias que fomentan la impunidad y la existencia de pistoleros tan medrosos.

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