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Juan David Ramírez Correa
Columnista

Juan David Ramírez Correa

Publicado el 25 de agosto de 2020

La tríada

Hay una tríada que hace avanzar a las sociedades: ciudadanos, sociedad civil y gobierno. Esa tríada ha funcionado en Medellín gracias a una relación virtuosa entre lo público y lo privado para que las cosas no queden al garete de los mañosos.

Consecuencia de esto ha sido una institucionalidad sólida, seria y con carácter. Baluartes como Comfama, la Sociedad de Mejoras Públicas, el Hospital San Vicente de Paúl, los museos de Antioquia y de Arte Moderno, el Parque Explora, el Jardín Botánico, el Metro y EPM, entre otros, no son en vano, pues cuentan con el influjo de esa institucionalidad.

¿Cuál ha sido el ingrediente de la receta? Simple: un contrato tácito de confianza, que estipula el respeto por la autonomía institucional, aprovechado una conjunción de buenas prácticas de lo privado en función de crear valor público, como una forma de corregir las falencias del Estado y poder así propiciar el desarrollo.

Así ha sucedido con el manejo de EPM, la sexta empresa que más ingresos genera en Colombia y la mejor de servicios públicos de América Latina. La misma que entrega más de 1,4 billones al año al Municipio para libre inversión.

Millones de personas nos beneficiamos del objeto primario de EPM: la prestación de servicios públicos. La gran mayoría tiene un concepto positivo sobre la calidad en el servicio. Creería que más de uno ha querido laborar en EPM, porque conoce historias de gente que ha progresado, que tiene calidad de vida en el trabajo y, como mínimo, habrá aprovechado otras cosas que la empresa ha puesto a disposición de la ciudadanía: parques, bibliotecas, becas estudiantiles, eventos, en fin.

Ahí está el sentido de tranquilidad alrededor de esa institucionalidad que se ha construido con el tiempo, que se simplifica en saber que todos somos dueños de ella, que la empresa sirve y hace bien las cosas. Esa es la simbiosis que logra la tríada.

¿Hay, entonces, razones para destruir lo que genera confianza entre la gente? Obviamente, no. Pero no faltan los que quieren tirar agua sucia sin medir el riesgo, bajo la excusa de ver piedras debajo de las piedras y rompen los pactos sociales eficientes, ejemplarizantes. Eso sí es peligroso, porque desestiman las raíces, la vocación y, sobre todo, la confianza, dejando la puerta abierta a que las instituciones se conviertan en fortines capturados por intereses subrepticios, que destruyen los propósitos fundacionales y el valor social y económico que las instituciones deben generar, metiéndonos, además, en una lógica polarizadora e incendiaria.

No hay ningún nombre propio en esta columna. No fue necesario hablar de personajes puntuales, porque el camino venidero debe frenarlos. En momentos aciagos como el que vivimos, lo que se ha construido en esa tríada será más fuerte que cualquier poder de turno, pues tiene el respaldo de miles de personas que han confiado en ese pacto social que ha dado fuerza a las instituciones.

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