Un señor muy rico que vivía en un pueblo de Antioquia, tenía como director espiritual al padre superior de una comunidad religiosa. El señor llamó un día al padre y le dijo:
--Padre, yo estoy muy viejo y mis hijos están bien económicamente. Pienso cambiar mi testamento para dejarle a su comunidad la finca de la Quebrada Arriba, para que ponga en ella una de sus obras.
El viejo cayó enfermo muy pronto y murió sin cambiar el testamento. El religioso habló con el hijo mayor después del entierro y le dijo:
--Hijo, tu padre era un hombre muy bueno y me había dicho que pensaba cambiar el testamento para dejarme la finca Quebrada Arriba. La voluntad de los difuntos hay que respetarla.
--Claro padre. Pero la voluntad de mi Dios era otra. Se lo llevó antes,...