Cada vez que escucho pronunciar a alguien la letanía de que «todo el mundo tiene derecho a decir lo que piensa» corro a revisar si el sujeto en cuestión pasó del primer grado. Tamaña falacia corre pareja a otra que se escucha con mucha frecuencia para condensar como una loncha de queso fundido en un sándwich la esencia de la democracia. «En democracia hay que respetar las opiniones de todos», suelen decir los pollos más aventajados del corral, paladines de la democracia directa del twitter, que a eso han rebajado el menos imperfecto de los sistemas políticos conocidos. Pero la democracia representativa, la suya y la mía, no son 140 caracteres. Hizo falta mucha sangre para levantarla. La democracia tiene dos pilares fundamentales y todo lo demás...