Entonces pensé que lo mejor era celebrar el Día del Periodista en silencio. Callado. Solo. Solitario. La esencia de una vocación no se suele apreciar y saborear sino en el ocaso, solitario, sin palabras.
Corrijo: hablando de la vocación del periodista, con las palabras. Que son la esencia del periodismo escrito, de todo empeño por escribir. El angustioso placer de buscar las palabras, de paladearlas en voz baja, de sentirlas saliendo de dentro, paridas entre el dolor y el goce. Si amas las palabras, todo lo demás se te dará por añadidura. Uno tenso, ahuecado, anhelante y ellas van llegando desde el fondo, golpean las sienes, se pronuncian a sí mismas sin sonidos. Y nacen. Palpitadas en las teclas o deslizadas en los trazos de la pluma.
El placer...