Cintillo de indicadores económicos Colombia

Pico y Placa Medellín

viernes

7 y 9 

7 y 9

Pico y Placa Medellín

jueves

3 y 6 

3 y 6

Pico y Placa Medellín

miercoles

0 y 2 

0 y 2

Pico y Placa Medellín

martes

1 y 4  

1 y 4

Pico y Placa Medellín

domingo

no

no

Pico y Placa Medellín

sabado

no

no

Pico y Placa Medellín

lunes

5 y 8  

5 y 8

El Café

En un año desapareció por completo el niño que hasta atención le prestaba al papá cuando hablaba. Ya estaba más alto que él, pero le faltaba crecer.

hace 1 hora
bookmark
  • El Café
  • El Café

Por Lewis Acuña - www.lewisacuña.com

Como siempre todo para última hora. Al parquear con afán en el Minimarket de la estación de gasolina eran casi las siete de la mañana. Muy temprano para estar ahí, muy tarde ya para ir camino al colegio, dejar al muchacho y seguir a la oficina. El palo no estaba para cucharas.

Empujó con fuerza la puerta y entró con el regaño que había empezado veinte minutos atrás cuando se subió al carro con su hijo. La mañana había empezado mal desde la noche anterior cuando el preadolescente desinteresado de todo no alistó el uniforme del colegio ni se durmió temprano por ver Tiktoks a escondidas. La alarma sonó, pero decidido a reclamar su derecho de cinco minutos más, la silenció y no sonó más. Cuando la ruta se fue, apenas tocaba el agua en la ducha para ver si estaba caliente. Pero eso no era lo más grave.

Tres materias perdidas y el resto a punto de rajarse —salvo Educación Física, en la que recibió medalla de honor—a dos meses para intentar salvar séptimo, sumaban lo suficiente para perder el cupo. No parecía ni importarle no tener el derecho a videojuegos, los encuentros en el parque con los amigos o el viaje prometido a la Estatua de la Libertad. En un año desapareció por completo el niño que hasta atención le prestaba al papá cuando hablaba. Ya estaba más alto que él, pero le faltaba crecer.

Entre los anaqueles y el regaño al aire, iban uno detrás del otro. Uno manoteaba y señalaba preguntando si esto o aquello y el otro solo afirmaba y negaba con la cabeza. No solo era algo para desayunar lo que el hombre insistía en que llevara, también buscaban un pegante y unos resaltadores para Lengua Castellana que aparentemente había olvidado. Solo se calló cuando acercándose a la caja a pagar sintieron el fuerte olor de un hombre que estaba ahí parado.
Instintivamente tomó del brazo al hijo y lo cambió de lado. Le susurró que, si eso era lo que quería para su futuro, así iba a terminar. Reconoció que incluso le provocaba tristeza verlo, que se notaba que la estaba pasando mal.

Ya en la caja, el otro hombre seguía ahí atrás, con una taza desechable de café. El papá notó que los miraba. Vigilándolo de reojo, pasó sus productos y dijo que débito y factura normal mientras buscaba la billetera. El golpe fue seco en el mostrador y se quedó ahí apoyado cuando se acordó que la había dejado en la mesa del comedor. La mañana empeoraba.

Mientras le reclamaba a su hijo que fuera consciente de todo lo que provocaba, el hombre que dejó de vigilar apareció detrás del cajero. El susto apenas le permitió escuchar lo que dijo. —Servile un café al señor que la está pasando mal, por favor — y señaló la compra pidiéndole que se la llevara sin problema, que después volviera a pagarles.

Ese era uno de los siete MiniMarket que tenía y el más cercano a su finca, donde había pasado la noche entera ayudando a su yegua favorita, Lupita, a parir.

Sigue leyendo

Te puede Interesar

Regístrate al newsletter

PROCESANDO TU SOLICITUD