En esta danza de escándalos –pederastia en el cardenal Pell, lujuria de Trump– que salpican al mundo civilizado sin importar religiones, ideologías políticas o filosofías de gobierno, se suma ahora el que ha reventado la confianza y la respetabilidad en pleno seno de la Academia Sueca que adjudica el premio Nobel de Literatura.
No solo Suecia se duele con la desaparición de los recursos que le donó a Colombia para paliar las estrecheces financieras del posconflicto –en donde el festín ha sido como el de los ratones con el queso-, sino con las acusaciones que se hacen sobre los abusos y vejaciones de un reconocido artista, esposo de Katarina Frostenson, la influyente miembro del jurado que adjudica el galardón al mejor escritor del año.
Este escándalo,...