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David Santos Gómez
Columnista

David Santos Gómez

Publicado el 08 de diciembre de 2020

Los mercaderes de la mentira

Los empresarios del periodismo sin escrúpulos han encontrado un nicho. Uno enorme. Y la receta para conquistarlo es simple: vender como información datos incomprobables -o llanamente mentirosos- que reafirmen las creencias y los prejuicios de cada cual. Los relatos sin fuentes ni contraste ni investigación, que repiten una y otra vez las banalidades más absurdas o las falacias más descaradas, se venden masivamente. Y ese es el objetivo. Ese es el producto. Sus televidentes o lectores o escuchas compran todo aquello que, cierto o no, justifique sus pensamientos.

La historia es vieja y se ha utilizado por décadas. Sin embargo, la masificación de la mentira como información “periodística” en los últimos años es pavorosa y crece de manera exponencial, amplificada por las redes sociales y apuntalada por algunas figuras mediáticas, que van de la cultura a la política y que juegan a la peligrosa aventura de construir a los gritos una realidad paralela. Un mundo alternativo.

De la mano de los fanatismos políticos contemporáneos, de izquierda y de derecha, la sed de autoafirmación se sobrepone a la información. Basta con recibir narraciones que concuerden con el discurso propio para darlas por ciertas. Incluso si contradice la evidencia que salta a los ojos o las verdades fundamentales. No hay argumentos. Hay relatos construidos bajo los lineamientos del interés.

Estados Unidos, como en tantas otras cosas, tomó la batuta en esta era del falso periodismo. Donald Trump, por supuesto, tiene una enorme cuota en su ascenso. Sus últimos gritos sobre el robo electoral, escandalosos e infundados, son muestra fehaciente. A contravía de los dictámenes de las instituciones gubernamentales y judiciales que aseguran que las elecciones del pasado 3 de noviembre fueron legítimas y seguras como nunca, el inquilino saliente de la Casa Blanca insiste en un robo. Y algunos medios hacen eco. Y sus seguidores les creen. A contramano de la realidad insisten en una falsedad. Es su verdad paralela. Según encuestas recientes hasta el 87 por ciento de los que votaron por Trump creen en el delirio del robo de las elecciones.

Y la máquina de hacer billetes tiene allí el motor que la hace girar. La verdad no importa, vendrá luego, o nunca vendrá. En este periodismo de nueva era, la veracidad tiene un papel de reparto.

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