Todo inició con desmayos de los niños en momentos en que hacían sus actividades educativas. La preocupación de los profesores llevó a indagar el porqué. Sospechaban algo muy doloroso y les pidieron que dibujaran lo que pasaba. Los dibujos que recibieron retrataban simplemente una situación: hambre.
Esto sucedió en la escuela José María Vélaz, en Caracas, Venezuela, donde se develó, a partir de los garabatos de los 478 estudiantes, un problema silencioso que poco a poco está matando a los niños venezolanos.
“No desayuné, me toca esperar la noche para comer algo”, “almuerzo pasta con mortadela y tengo hambre”, “no cené nada el lunes ni el martes ni el miércoles”, “comida, arepa. Desayuno, nada. Almuerzo, arepa. Merienda, nada”, “pan y agua, sopa...