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Arturo Guerrero
Columnista

Arturo Guerrero

Publicado el 12 de mayo de 2021

Lucas Villa, Susana Boreal

Las marchas y plantones están fraguando una épica y una estética juveniles, no vistas antes en Colombia. Dos astros fulguran: Lucas Villa y Susana Boreal. Desde su clínica en Pereira, Lucas resiste una lucha contra las balas en la cabeza que lo dejaron en suspenso luego de avivar el ímpetu de la manifestación.

Desde el Parque de los Deseos en Medellín, Boreal dirige una orquesta recién nacida y pastorea a doce mil indignados que cargan energías para las horas de marcha posteriores. Ataviada de negro, su batuta blanca es un haz prolongado hacia el polo norte, donde nace el viento más fuerte, el boreal.

Los videos de redes -ojos omniscientes- despliegan a Lucas cavilando saltimbanqui sobre el tubo metálico del viaducto que une y separa a Pereira y Dosquebradas. Promulga consignas, alza el brazo, sostiene los ánimos de los caminantes. Su barba negra de santón asiático es un referente inocultable. Va a conversar con los policías, quietos como santos de palo. ¿Cuál sería el tema?

Boreal -nombre artístico- se empina sobre una tarimita, mira hacia los doscientos músicos y ondula la cabeza hacia la multitud que de inmediato corea de acuerdo con sus indicaciones de directora de orquesta. Se crece, se eleva, se funde entre la marea y las notas. A sus 26 años, solo le hace falta el recital de grado para terminar carrera en la U. de Antioquia. Se diría que este concierto de Los Deseos vale más que cualquier prueba académica.

Desde la oscuridad, un tirador truena la muerte para Lucas -¡su inocultable barba!- y dos manifestantes más. El deportista, el profesor de Yoga, el amante de la naturaleza, el “romántico que cree que el mundo se puede cambiar con una flor”, como lo describe su padre, cae a la manera de los seres legendarios. Su figura propagada en afiches se hace ícono de la rebeldía de estas semanas.

“Lo que la gente no puede expresar, nosotros lo ponemos -dice Susana Boreal-, queremos que muchas personas puedan ser a través de nosotros”. “Lucas es energía. En Colombia hay miles y miles de Lucas”, replica su padre Mauricio Villa.

La célebre aurora boreal tiñe el cielo del norte polar con los colores de la bandera de Colombia. Agrega el morado del luto y el verde de la certeza de que los deseos se cumplen. “El arte vale”, concluye la directora de orquesta desde el Parque de Los DeseosNota del Editor: Esta columna fue enviada por el autor antes de que se conociera el fallecimiento de Lucas Villa.

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