Pico y Placa Medellín
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Por Luis Guillermo Vélez Álvarez - opinion@elcolombiano.com.co
Al finalizar el gobierno de Turbay Ayala, en 1982, toda la cúpula del M-19 estaba en la cárcel, el ELN había casi desaparecido después de la Operación Anorí, las Farc estaban reducidas a dos o tres frentes y se había firmado, con los Estados Unidos, un tratado de extradición que tenía aterrados y en fuga a los narcotraficantes.
Belisario Betancur echó todo atrás: se hizo elegir renunciando a la extradición, sacó de la cárcel al M-19 y le montó a las FARC el Santuario de Casa Verde para iniciar el ciclo de las interminables negociaciones de paz en las que aún patina el País, sin percatarse de que ese incesante dialogar es una más de las formas de lucha de la extrema izquierda. El asesinato de Rodrigo Lara y la toma del Palacio de Justicia por la alianza del M-19 y el cartel de Pablo Escobar, le enseñaron amargamente a Betancur que el estado no puede renunciar unilateralmente al uso de la fuerza y tratar de someter a criminales con cánticos a la concordia y ramas de olivo.
Virgilio Barco y Cesar Gaviria heredaron el desastre de Betancur y trataron de retomar el rumbo enfrentando el narcotráfico y a los criminales de las FARC, el ELN y el M-19. En medio de grandes dificultades, lograron avanzar: dieron de baja a Rodríguez Gacha y a Pablo Escobar, sometieron a los Ochoa y extraditaron a Lehder, acabando con el tenebroso cartel de Medellín. Gaviria puso en fuga a las Farc sacándolas de su santuario de Casa Verde en la Uribe.
Samper se hizo elegir con el apoyo financiero de los Rodríguez Orejuela y debilitó el accionar de las Fuerzas Militares, que durante su mandato sufrieron duros golpes como los de Las Delicias y Patascoy. Con Pastrana la claudicación del estado llegó a extremos inimaginables con la entrega al control de las Farc de 42.000 kilómetros cuadrados, extensión casi equivalente a la de Huila, Sucre, Atlántico, Caldas, Risaralda y Quindío.
Uribe recuperó la iniciativa del estado y con su Seguridad Democrática derrotó a políticamente a las Farc, redujo su capacidad militar y le quitó el control territorial haciéndola retornar a su condición de guerrilla itinerante huyendo de la Fuerzas Militares. Imperdonablemente Santos, a unas Farc política y militarmente derrotadas, les dio en La Habana el estatus de fuerza vencedora llevándonos a la terrible situación en la que está el País.
Del Plan 10 de Paloma Valencia, el punto definitivo y fundamental, sin el cual todos los demás son palabrería vana, es el primero: enfrentar la crisis de seguridad para vivir sin miedo. Hay que llevar, durante varios años, a 4% ó 5% del PIB el gasto en seguridad y defensa, llevar el pie de fuerza a unos 600.000 hombres y disponer de enjambres de drones para que sean los criminales quienes tengan miedo.
Sobre los otros 9 puntos puede haber desacuerdos, pero no es tiempo de ponernos exquisitos. Lo fundamental es tener un gobierno al que podamos hacer oposición sin temer a ser asesinados.