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La oportunidad histórica

hace 58 minutos
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Por Luis Guillermo Vélez Álvarez - opinion@elcolombiano.com.co

Los resultados del 31 de mayo dejan una conclusión inequívoca: Antioquia volvió a desempeñar el papel decisivo que tantas veces ha tenido en la historia política colombiana. La votación obtenida por Abelardo de la Espriella en el departamento no sólo fue extraordinaria; fue, también, una demostración de fuerza sin precedentes del electorado uribista y de centroderecha.

Gracias a esa movilización, Iván Cepeda no logró imponerse en la primera vuelta. El país amaneció el 1 de junio ante el mejor escenario posible para quienes creen en la libertad económica, la seguridad, la propiedad privada y las instituciones republicanas. No era el único escenario imaginable. Había otros claramente favorables para la izquierda.

Pudo ocurrir que Cepeda terminara primero mientras Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia dividían el voto de la derecha. También pudo darse un escenario en el que Cepeda alcanzara cerca de un tercio de la votación nacional, un candidato único de centroderecha obtuviera otro tercio y el resto se repartiera entre Sergio Fajardo y Claudia López, dejando abierta la posibilidad de alianzas inciertas y negociaciones complejas. Nada de eso ocurrió.

Lo que ocurrió fue mejor. El electorado produjo una clarificación política más allá de cualquier duda. La disputa quedó planteada entre dos proyectos de país claramente diferenciados: el del neocomunismo totalitario y el de las libertades económicas, políticas y personales. Esa claridad constituye una ventaja estratégica que no debe ser desperdiciada. Por ello, la tarea del 21 de junio es distinta a la del 31 de mayo. La pregunta ya no es quién representa mejor a la centroderecha. La pregunta es cómo construir una mayoría nacional capaz de derrotar a la izquierda y ofrecer un horizonte de estabilidad y crecimiento para Colombia.

Entre Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella no existen diferencias de principios que justifiquen una fractura. Ambos defienden la economía de mercado, la seguridad democrática, la independencia de los poderes públicos, el fortalecimiento de la iniciativa privada y, sobre todo, la necesidad de contener el avance del neocomunismo. Las diferencias son de énfasis, de estilo o de trayectoria personal, pero no de proyecto político.

Para estas elecciones, Antioquia tiene una responsabilidad adicional. Debe convertirse en el punto de encuentro entre los votantes uribistas y los de otros partidos, incluida buena parte del electorado fajardista. Existen varios temas concretos que permiten construir ese puente, pero ninguno más importante y convocante que la defensa de Empresas Públicas de Medellín y de Hidroituango.

EPM no es simplemente una empresa. Es una de las instituciones más exitosas de Colombia y el principal instrumento de progreso de Medellín y Antioquia. Hidroituango, pese a todas las dificultades enfrentadas, representa una de las mayores realizaciones de la ingeniería nacional y una garantía de seguridad energética para el país. Su defensa trasciende partidos y campañas.

La elección del 21 de junio debe ser entendida como una oportunidad para unir a Medellín y Antioquia y a Colombia toda alrededor de aquello que ha sido clave de su éxito: instituciones sólidas, disciplina fiscal, iniciativa empresarial, capacidad de ejecución y cohesión social.

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